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Latinoamérica

Sandinistas celebran revolución en la Iglesia

Felipe Jaime
IPS

Hace 25 años el mundo se estremeció con la gesta en Nicaragua de los llamados "muchachos" sandinistas, quienes tras casi dos décadas de lucha armada lograban derrocar la dictadura de Anastasio Somoza. Pero el último 19 de julio no lo celebraron con fusiles en la mano sino con una misa en la principal catedral del país.
La jerarquía de la Iglesia Católica , encabezada por el cardenal Miguel Obando y Bravo, se congregó en una misa a la que asistieron los principales dirigentes del izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), liderados por el ex presidente Daniel Ortega (1984-1990).
El acto religioso pautó la celebración del nuevo aniversario del 19 de julio de 1979, cuando decenas de miles de nicaragüenses tomaron las plazas para implantar desde entonces la llamada Revolución Popular Sandinista, que se proponía transformar de raíz las estructuras políticas, ideológicas y económicas de Nicaragua luego de 50 años de dictadura de la familia Somoza.
Una década después los sandinistas eran desplazados del gobierno en las elecciones de febrero de 1990, pero sus líderes aseguran que la revolución y sus logros aún están vigentes y que recuperarán el poder político por la misma vía electoral que transitaron desde 1984 en adelante.
"Los primeros 25 años de la Revolución Popular Sandinista representan la madurez de la consolidación de la democracia en Nicaragua", dijo a IPS vía telefónica desde Nicaragua el legislador del hoy opositor FSLN, Edwin Castro.
"La revolución fue un cambio total, ya que se transformó la forma de ver la realidad y de ver y vivir la vida en Nicaragua", afirmó Castro, quien también es el actual coordinador de la bancada sandinista en el parlamento.
Entre los principales logros de la revolución sandinista se cuenta la denominada Cruzada Nacional de Alfabetización, encarada en 1980 por el llamado Ejército Popular de Alfabetización, integrado por 30.000 estudiantes de secundaria y 20.000 trabajadores y amas de casa y que llegó hasta los más remotos rincones del país para enseñar a leer y escribir a los campesinos.
La campaña, encabezada por Carlos Tunnerman, logró reducir drásticamente la tasa de analfabetismo, para llevarla de más de 70 por ciento a alrededor de 10 por ciento, un resultado considerado uno de los primeros y mayores epopeyas de la revolución por el éxito mismo y por su capacidad de movilizar a miles de brigadistas educativos. Hoy el analfabetismo se ubica entre 20 y 25 por ciento.
Sin embargo, la guerra librada desde inicios de los años 80 contra la contrarrevolución liderada por ex jefes somocistas y apoyada por el gobierno estadounidense de Ronald Reagan (1981-1989), el desgaste económico debido a equivocadas política en esa área y errores de la dirección sandinista debilitaron la base social de apoyo, lo cual llevó al fracaso electoral de 1990.
Hoy, quizás en un intento por recuperar la base social de apoyo, principalmente entre la grey católica del país, el FSLN se reconcilia con la alta jerarquía eclesiástica que lo combatió en su momento y celebra el 25 aniversario de su entrada triunfal a Managua con una misa oficiada por el cardenal Miguel Obando y Bravo en la catedral de la capital nicaragüense.
A pesar de que la consigna de entonces del sandinismo era que "entre fe (en Dios) y revolución no hay contradicción", lo cierto fue que en la década del 80 se verificó un duro enfrentamiento entre los líderes revolucionarios y la dirección nacional de la Iglesia Católica , encabezada por el mismo Obando y Bravo.
El papa Juan Pablo II también se sumó a esa disputa al pedir a los varios sacerdotes que se involucraron en el proceso revolucionario e incluso cumplieron funciones de gobierno, como los hermanos Fernando y Ernesto Cardenal y Miguel D'Escoto, entre otros, que se retiraran de sus cargos públicos o renunciaran a su ordenación en la Iglesia Católica.
El enfrentamiento subió de tono el 4 de marzo de 1983, cuando el Papa, de visita en este país centroamericano, exigió silencio a la multitud que coreaba a voz en cuello por la paz durante su celebración de la misa en una de las principales plazas de Managua.
Pero los gritos en favor de que la llamada "Contra" dejase de atacar el país aumentaron tras esa orden, lo que se consideró un insulto a Juan Pablo II por parte de los altos prelados católicos de Nicaragua.
A ello le siguieron algunas expulsiones de sacerdotes por parte del gobierno sandinista, de visitas de Obando y Bravo a los campamentos de los grupos contrarrevolucionarios nicaragüenses asentados en la vecina Honduras y armados por Estados Unidos.
El último 19 de julio, 25 años después de aquel triunfo revolucionario, las autoridades de la Iglesia Católica y el sandinismo parecen estar en la etapa de reconciliación y el nuevo "concordato", pese a que amabas partes aseguran que sólo es por el bien y el futuro del país y de su población.
"Aunque algunas personas dicen que lo hacemos por hipocresía y otros digan que es para obtener el voto en las elecciones que vendrán, nosotros lo hacemos de corazón y entendemos que la mayoría de nuestro pueblo es católico", aseguró Castro.