VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
Internacional

La Nación más Grande del mundo. ¿Mienten los hechos?

Por M. Shahid Alam
Counterpunch, 23 de marzo de 2004
Traducido para Rebelión por Felisa Sastre

El Profeta Muhammad dijo:" Quien declare la causa de la parcialidad tribal no forma parte de nuestra comunidad". Cuando se le preguntó que quería decir "parcialidad tribal" contestó: " Significa ayudar al propio pueblo en una causa injusta" (1).
"He elegido vivir en el que creo que es el país más Grande del mundo, que comete horrendos actos terroristas que debería detener." Noam Chomsky (2).
Un periodista pregunta a la Secretaria de Estado, Madeleine Albright: "Hemos sabido que medio millón de niños han muerto (a causa de las sanciones contra Irak). Entiendo que son más niños que los que murieron en Hisroshima. ¿Usted cree que el precio que se ha pagado merece la pena?" La Secretaria Albright respondió: "Creo que es una decisión muy difícil, pero el precio, entendemos que ha merecido la pena" (3).
El 21 de marzo de 2003, cuando me dirigía a casa, un día después de la invasión oficial de Irak por Estados Unidos, me tropecé con un colega de la Universidad Northeastern- un profesor de Humanidades- en la estación de tren de Ruggles en Boston. Yo conocía sus tendencias políticas y él las mías por encuentros anteriores. De todos modos, creía que manteníamos una relación amistosa.
"Me apuesto lo que sea a que te opones a la guerra", me gritó mientras se acercaba a mí.
"En absoluto", traté de escabullirme, "deseo tanto como tú ver a Irak liberado".
Aunque estábamos todavía en el segundo día de operaciones, y las bombas y misiles se dirigían cuidadosamente a sus objetivos, parecía que la tensión que había conducido a la guerra había cobrado el peaje a los nervios de nuestro colega. Rechazó mis bromas y con gran agitación empezó a poner su dedo sobre mi cara mientras me increpaba sobre lo "agradecido" que debería sentirme por vivir en "el país más grande que nunca había existido en el mundo". Afortunadamente, mi tren llegó a su hora- por lo que estoy agradecido- poniéndome a salvo de la arenga de un patriota desquiciado.
No era mi primer enfrentamiento con el patriotismo desbordado que con frecuencia preside el discurso político en Estados Unidos; y no sólo entre miembros de la derecha reaccionaria. Demasiado frecuentemente, los políticos animan a su audiencia con proclamas altisonantes sobre la grandeza de Estados Unidos. Estados Unidos es "la nación más Grande del mundo". En otras ocasiones es "el país más Grande que nunca ha existido", "El país más Grande nunca imaginado" o " la nación más Grande en la historia de la Humanidad". Incluso, cuando la exuberancia se pone por las nubes, Estados Unidos también "¡Fastidia al personal!".
Con bastante frecuencia, se puede oír que Estados Unidos es el buen Samaritano: que no tiene igual en "civilizar" a razas mestizas. En palabras de Abraham Lincoln, Estados Unidos es "la última buena esperanza de la Humanidad", nada menos. Más frecuentemente, es "el faro que destella desde la colina". Hace poco, John Kerry, el candidato demócrata a la Presidencia, arengó a los estudiantes de la UCLA (Universidad de California Los Ángeles), "Creo que podemos obtener una victoria real contra el terrorismo. Creo que debemos hacerlo no sólo por nosotros mismos sino por todos aquellos que ven en Estados Unidos "la última y mejor esperanza de la Tierra" (4).
Si juzgamos por los resultados de las encuestas, son bastante pocos los estadounidenses convencidos por la retórica de la grandeza y munificencia de Estados Unidos; aunque mi colega de la Northeastern no compartiría la idea de su ‘escasez’. En 1955, según una encuesta Gallup, el 66 % de los encuestados creían que "Estados Unidos era la nación más grande del mundo, mucho mejor que cualquiera otra en todos los aspectos posibles" (la cursiva es mía). En 1991, afortunadamente, el porcentaje había bajado al 37 %, y cinco años después se mantenía en el mismo 37 % (Lo que parece corresponderse con el porcentaje de los Republicanos en este país). Pero hay un inconveniente: al responder a una pregunta modificada ligeramente, el 55 % de los estadounidenses coincidían en que "Estados Unidos es la nación más grande del mundo, mucho mejor que ninguna otra". Si nos inclinamos por la peor interpretación, entonces una mayoría clara de los americanos está de acuerdo con la tesis de que Estados Unidos es único; aunque esa mayoría ha bajado del 66 % al 55 %. ¿Deberemos consolarnos con este declive en la proporción de ultra-patriotas desde 1955? (5).
En ausencia de encuestas sobre el asunto, voy a presentar los resultados de mis propiospoco representativos- estudios anuales sobre la tarea civilizadora de Estados Unidos.
Durante muchos años, he presentado un cuestionario para comprobar la preparación de mis alumnos de mis cursos de licenciatura sobre Desarrollo Económico y Economía Mundial. Siempre he incluido una pregunta sobre la ‘ayuda exterior’: ¿Qué porcentaje de su producto interior bruto dedica anualmente Estados Unidos como ayuda al desarrollo de los países del Tercer Mundo? Ofrezco a mis alumnos cinco posibles respuestas: A) 0,10 %. B) uno por cien. C) Cinco por cien. D) Diez por cien, E) Veinticinco por cien. Increíblemente, casi la mitad de la clase elige la C) y la mayoría de la otra mitad se inclina por D) y E). Dos o tres "poco patriotas" de cada clase marcan A) o B). La respuesta correcta es A. Quizás mis alumnos creen que es más apropiado y patriótico señalar un porcentaje que indique que su país es generoso.
En cierto sentido, no resulta sorprendente esta forma de hablar de la grandeza nacional.
Se trata de un tópico en un mundo organizado- tal como ha existido en los últimos centenares de años- en estados-nación, que tienen que competir para sobrevivir y permanecer en la cabeza del pelotón. Han competido económica, política y militarmente. Con frecuencia, esa competencia requiere sacrificios- de derechos, de dedicación, de seguridad y de vidas. El arma ideológica en esta competición es el nacionalismo- que da lugar al orgullo y a la unidad basados en la proclamación de la grandeza nacional, y que va unido a un desprecio equivalente hacia otras naciones de más bajo nivel de vida.
Puede que Estados Unidos sea distinto a causa de la intensidad de sus proclamas nacionalistas. La retórica política estándar sostiene que EE.UU es "la nación más grande del mundo" "La más grande que ha habido nunca" o "la más grande en la historia de la Humanidad". Se encuentra en la cima de la cadena alimenticia. Algunas de las naciones más antiguas- que han sobrevivido a muchos ciclos históricos- pueden considerarlo extraño. ¿Intentan esos recién llegados compensar su tardía arribada al escenario de la Historia? Se podría decir que las naciones más antiguas tienen el auto-convencimiento de una larga y distinguida historia tras ellas y, en consecuencia, no se sienten compelidas a pregonar exageradas proclamaciones de grandezas nacionales. Perono se trata sólo de eso.
El nacionalismo es, en su mayor parte, un fenómeno moderno, un producto de la competencia entre las nuevas naciones que actúan en una economía mundial capitalista.
En esta carrera, el éxito y el nacionalismo trabajan en equipo. Un país apasionado por su propia grandeza se encuentra más dispuesto para aceptar grandes sacrificios y en sentido inverso más preparado para infligir dolor a los Otros. En el caso de Estados Unidos, no se ha producido una falta de continuidad en los éxitos- económicos, tecnológicos y militares- para alimentar la idea de la grandeza nacional. A medida que los éxitos aumentan, los dirigentes estadounidenses consideran conveniente incrementar las proclamas de la grandeza estadounidense. Es muy probable que con el cambio de siglo, si no antes, los Estados Unidos se hayan declarado la única entre todas las naciones: el país más grande que jamás ha existido, habitado por los más nobles tipos de seres humanos, el instrumento de Dios y la mayor fuerza civilizadora de la Tierra. Hoy, ningún congresista que renegara de la excepcionalidad de Estados Unidos podría sobrevivir a una elecciones.
Yo podría analizar los siniestros objetivos a los que sirven esas visiones de la excepcionalidad americana- y de qué manera las grandes empresas las han utilizado para impulsar a los estadounidenses a las guerras imperialistas, para promover el miedo de los blancos contra los negros estadounidenses ( y , de esta manera, dividir a los trabajadores pobres), o para embaucar a los trabajadores americanos con el fin de que renuncien a sus derechos a favor del capital de las grandes corporaciones. Como eso ya se ha hecho antes, voy a intentar algo quizás un poco pedante pero que considero puede ser útil. Voy a analizar si, de hecho, Estados Unidos es "La nación más grande del mundo, y mejor que cualquiera de las otras en todos los aspectos". Sospecho que es una tarea ingrata pero mi trabajo será recompensado ampliamente si sirve para rebajar aunque sea un poco las ilusiones de grandeza de Estados Unidos.
Según los criterios aceptados de manera mayoritaria, el liderazgo económico de Estados Unidos es casi incuestionable. Medido en dólares en comparación con el poder de compra, EE.UU. tenía en 2002 un renta per capita de 35.080 $, una de las más altas del mundo, sólo superada por dos países: Luxenburgo con 51.060 y Noruega con 37.850.
Pero se trata de países pequeños con sólo 444.000 y 5 millones de habitantes respectivamente, y la renta per capita de los 444.000 o 5 millones de estadounidenses más ricos excede fácilmente las de Luxemburgo y Noruega en cada caso. En otras palabras, los estadounidenses pueden estar orgullosos en exclusiva de la preeminencia económica de su país: Estados Unidos es el país más rico del mundo.
Estados Unidos también es la economía más grande del mundo, aunque sólo por un pequeño margen. Medido en dólares con poder adquisitivo similar, el producto interior bruto de EE.UU asciende a 10, 110 billones de dólares, que equivalen a algo más de la quinta parte del Producto Mundial. La Unión Europea va a continuación, con escasa diferencia ya que su producto total nacional asciende a 9,520 billones. Con la ampliación de socios, La UE puede dejar atrás a Estados Unidos en su condición de primera economía mundial. China aparece en tercer lugar en la clasificación de economías principales, con un PIB de 5,807 billones de dólares. Con su actual tasa de crecimiento estelar, China podría superar en dos décadas, si no antes, a Estados Unidos y a la Unión Europea (6).
Seguramente, la ventaja en capacidad tecnológica de Estados Unidos debe ser más amplia y más segura. En su informe de 2001, el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (UNDP) publicó por vez primera un índice sobre logros tecnológicos (Technology Achievemente Index . TAI) "que pretende reflejar el grado de un país para la innovación y difusión de la tecnología y la formación de habilidades en su manejo- que reflejan la capacidad de participar en las innovaciones tecnológicas de la era del trabajo en redes. Este Índice mide los logros, no los potenciales esfuerzos o ingresos.
"Según esta mediciones, EE.UU se encuentra en segundo lugar- con un valor TAI, de 0,733, a continuación de Finlandia con un TAI de 0,744.
Posiblemente esto haga de Finlandia una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos; ningún país que queda rezagado tecnológicamente puede liderar el mundo por mucho tiempo. Es posible que las preferencias de Ann Coulter y Bill O’Reilly1 pudieran obligar al presidente Bush ha hacer algo en relación con esto. Después de todo, Finlandia es un pequeño país y hacer que su TAI bajara unos pocos puestos sería un desafío mucho menor que el de ocupar Irak (7).
Quizás Estados Unidos pudiera recuperar la delantera si se tuvieran en cuenta los indicadores de esfuerzo tecnológico, tales como el gasto en I+D en porcentaje del PIB, o del personal dedicado a I+D por millón en el país. Sin embargo, eso sólo empeoraría el asunto. En el primer indicador, Estados Unidos ocupa el séptimo lugar, detrás de Togo, Suecia, Israel, Japón, Corea y Suiza (Sí, yo también estoy asombrado con lo de Togo). Si tomamos el segundo criterio, Estados Unidos mejora su posición hasta el cuarto puesto, si bien detrás de Islandia, Japón y Suecia (8) (¿Qué hace Islandia con todos esos científicos?).
En un último intento por salvar la posición de Estados Unidos, he decidido ampliar la comparación tecnológica con tres indicadores del sistema educativo, pero ello únicamente me ha producido más decepciones. Al analizar la expectativa de vida escolar (el número de años que se espera que un niño permanezca en el sistema educativo), Estados Unidos ocupaba el puesto décimo quinto a finales de los años 90.
En conocimientos matemáticos entre muchachos de quince años ocupa el décimo octavo lugar entre 27 países. Sus resultados sólo mejoran de forma poco significativa en conocimientos científicos, donde se sitúa en la décimo cuarta posición entre el mismo grupo de países (9).
Estados Unidos tienen la mayor preeminencia en lo más importante: en poderío militar.
Con un presupuesto de 396.100 millones de dólares en el ejercicio fiscal de 2003, el gasto militar supera el del conjunto de los 20 países que le siguen. En 2002, EE.UU superó el gasto de los siete estados "canalla" (Irán, Irak, Libia, Corea del Norte, Sudán, Siria y Cuba) en una relación de 37 a 1 (10). Con Irak ocupado desde abril de 2003, y Libia enviando a Estados Unidos los componentes de sus supuestas Armas de Destrucción Masiva, la relación en la que EE.UU. supera a los restantes estados "canalla" debe haberse incrementado. Dadas estas diferencias en capacidad de destrucción, Estados Unidos deberían sentirse más seguros que cualquier otro imperio de reciente memoria. De manera que, ¿por qué no es así? En relación con las libertades personales, la mayoría de los estadounidenses confiadamente colocan a su país en cabeza. En una encuesta Gallup realizada en agosto de 1995, se preguntó a los americanos: "¿En qué lugar, en una escala de 1-10 (10 sería el nivel más alto), colocaría a cada uno de los siguientes países en relación con las libertades personales que garantizan a sus ciudadanos?", EE.UU obtuvo el primer puesto, con un 74 % de respuestas que le concedían altas puntuaciones (10-9-8). Canadá y el Reino Unido, se situaban distanciados en un segundo y tercer puesto, con sólo un 63 % y un 45 % de respuestas que les daban una puntuación alta (11).
Los expertos analizan los niveles de libertad de manera algo diferente. La Freedom House, una organización conservadora con sede en Nueva York, publica un informe anual, Freedom in the World, que se basa en opiniones de expertos para establecer el ranking de países de acuerdo con varios indicadores sobre libertades. Según su índice de libertades civiles y políticas correspondiente a 2000-2001, Estados Unidos recibió la más alta puntuación de seis (en una escala de uno a siete), pero fue un honor que compartía con otros catorce países, entre los que se encontraban Portugal y Uruguay. El Reino Unido ocupaba el puesto 34, muy detrás de Polonia y Panamá. Israel, la democracia más aclamada del mundo, el 41, tras Bolivia y Benin (12).
¿Será, entonces, Estados Unidos el líder mundial en libertad de prensa? Pues también en esto existe una idea equivocada. En octubre de 2003, Reporters Without Borders (Reporteros sin Fronteras) publicó su Second World Press Freedom Ranking (Segunda Clasificación Mundial en Libertad de Prensa), recopilado a partir de un cuestionario con "53 criterios para comprobar la situación de la libertad de prensa en cada país". Estados Unidos se clasificó en el puesto 34, detrás de Hungría, Jamaica, Benin, y Timor Oriental. Para empeorar el asunto, el Irak ocupado por EE.UU.- recién liberado de las garras del tirano-, ocupaba el lugar 153. Pero hay un consuelo: el ocupado Irak se sitúa por delante de nuestro más firme aliado en el mundo islámico, Arabia Saudí (13).
En ocasiones, puede resultar útil analizar los índices de encarcelamiento como un importante indicador de falta de libertad y racismo en un país. Durante muchos años, la URSS, ‘El Imperio del Mal’ ocupaba el primer lugar en el mundo en este campo, con sus gulags siberianos. Más recientemente EE.UU. ha tomado la cabecera con el índice más alto de presos per capita: 6,41 por mil habitantes en 1999, mientras que Rusia- sucesora de la URSS- le va a la zaga con el 6,37 por mil (14). Si sumamos los presos que el régimen Bush-Ashcroft ha encarcelado con la Patriot Act en el interior de Estados Unidos, y los que mantenemos en Guantánmo, en Irak y en Afganistán, más aquellos encarcelados por encargo nuestro (con "medidas de excepción") en los torturadores regímenes amigos, nuestra posición de liderazgo es bastante segura. La composición racial de los encarcelados resulta reveladora. Vean la distribución de porcentajes en el Cuadro I, supra, de la población afro-estadounidense en prisión y la población total de cuatro estados en EE.UU. en 1996. Esta desproporción es común a la mayoría de los estados (15).

Cuadro I.
Distribución de afro-estadounidenses en Prisiones Estatales.
Estado Población encarcelada % Población del Estado %.
Nebraska 31 2.
Conneticut 46 9.
Wisconsin 49 6.
Massachusetts 37 6.

En su primer discurso en 1993, el presidente Clinton habló de los Estados Unidos como de la "más antigua democracia del mundo" (16). ¿Es verdad? Presumiblemente, esta historia pone en marcha el reloj de la democracia en 1787, cuando se ratifica la Constitución. Pero muchos podrían considerarlo problemático, habida cuenta de que aquella Constitución excluía hasta un sexto de la población del país- a su población esclava- de cualquier derecho de ciudadanía. ¿Podemos, entonces, arrancar el reloj de la democracia desde 1865, en el momento de la abolición de la esclavitud o desde 1868 cuando los estados Confederados volvieron a la Unión con el compromiso (en las constituciones de sus estados) de establecer la igualdad de derechos para todos los ciudadanos? También es dudoso.
Durante otros cien años, Estados Unidos no fue una democracia para todos sus ciudadanos. Al principio a través del terror y más tarde, a partir de 1890, por medio de enmiendas a la Constitución del Estado, los estados sureños presionaron para excluir a los negros del proceso político, con la consecuencia de "la privación del voto de casi todos los ciudadanos negros y la expulsión de sus puestos de casi todos los legisladores negros en los antiguos estados Confederados en 1910" (17). Se podría mantener que el reloj de la democracia se puso en marcha en los años 60, cuando los negros pusieron en marcha el Civil Rights Movement (Movimiento por los Derechos Civiles) para conseguir sus derechos políticos. No obstante, este proceso está lejos de haber concluido. Debido a la ley de privación del voto para los delincuentes, todavía en vigor desde la época de la segregación, a unos 4,700.000 estadounidenses se les niega el derecho al voto (18).
Teniendo en cuenta la relevancia de los deportes y del atletismo en la cultura estadounidense, resultaría negligente por mi parte si no expusiera el ranking de Estados Unidos en este importante campo. Ya que pocos países del mundo han asumido los deportes favoritos de los estadounidenses (lo que, sin duda, constituye una decepción para una potencia hegemónica), tendremos que analizar la posición de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Verano. A primera vista, EE.UU. parece haber respondido a su reputación en los Juegos Olímpicos de Sidney del año 2000, al estar en la cabeza de la clasificación con un total de 201 puntos, muy por delante de Rusia (180) y China (131). Pero ¿resulta apropiado el criterio de la totalidad de puntos alcanzados? Una comparación más objetiva debería tener en cuenta los puntos alcanzados per capita.
Con ese criterio, Estados Unidos desciende al puesto 41 (19).
Finalmente, llegamos al derby de la solidaridad. En un discurso reciente, el presidente Bush ha declarado: " Somos un país solidario y somos generosos con nuestros conciudadanos". Se trata de un argumento común a los políticos estadounidenses de los dos partidos. Pero tampoco cuela. En su Human Development Report( Informe sobre Desarrollo Humano), 2003, el Programa de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (UNDP) evalúa los Human Poverty Index (Indicadores de Pobreza Humana) de 17 países desarrollados; en él se miden las carencias en cuatro aspectos. En este Índice de pobreza humana, Estados Unidos se clasifica en último lugar de los 17 países (20). Si analizamos la solidaridad "hacia nuestros conciudadanos" en términos de desigualdad de ingresos- que de forma convencional se mide por el Índice Gini- obtenemos el mismo resultado. EE.UU. obtiene la puntuación mayor del Gini entre los países desarrollados (21) ¿En qué términos computables el sistema político estadounidense se puede considerar "generoso" con los sectores más débiles de su propia sociedad? Al analizar el altruismo de Estados Unidos hacia otros países, adoptaré el criterio más magnánimo, y omitiré la relación de las invasiones realizadas, de los regímenes cambiados, de las bombas lanzadas, de los golpes de Estado instigados o de las sanciones impuestas contra la ‘sal de la Tierra’ (22). En su lugar, voy a comparar los fondos dedicados a la ‘ayuda exterior’, el indicador mediante el cual los estadounidenses con frecuencia miden su generosidad hacia los países pobres. El total de fondos que Estados Unidos asigna a la ‘Ayuda exterior’ alcanza el 0,11 % (fíjense en la posición del decimal) de su PIB. Lo que constituye, sin duda, la tasa más baja de los 24 miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (23). En detalle la cosa es mucho peor: casi un tercio de esta ayuda se concede como préstamos (sin obligación de devolverlos) a otro país desarrollado, Israel, para la compra del armamento más moderno del arsenal estadounidense.
En resumen, Estados Unidos no es el país más Grande del mundo, ni el mejor en todas las materias de cualquier otro. ¿Por qué he investigado para establecer esta casi obvia conclusión? Porque existe una profunda conexión entre esas proclamas de superioridad y de excepcionalidad y los esfuerzos de los dirigentes estadounidenses para ocultar las desigualdades en el interior de Estados Unidos y para justificar las iniquidades que ayudan a instaurar y sostener más allá de sus fronteras.
Siempre que los ‘líderes’ de Estados Unidos hablan del "país más Grande del mundo", a espaldas de sus electores, muchos, quizás la mayoría de ellos, están planeando construir más cárceles y menos escuelas, contratar más policías y menos profesores, formar más agentes secretos y menos científicos, descubrir más Armas de Destrucción Masiva y menos medicamentos que salven vidas; las grandes empresas los agasajan, las mismas que monopolizan los medios de comunicación, que nos arrebatan nuestros derechos, que anteponen sus beneficios a nuestras vidas, a nuestros hijos, a nuestra seguridad, a la naturaleza tan bella del mundo en el que vivimos. En su ciega búsqueda de poder, esos políticos preferirían construir el "país más Grande del mundo" (si pudieran, realmente) pero habitado por un pueblo empobrecido, poco educado y poco saludable, apático y que no reclama sus derechos.
Cada vez que los ‘líderes’ estadounidenses alardean de la "más antigua democracia del mundo" y de exportar la democracia al resto, puedo imaginar campesinos expropiados; obreros tiroteados, torturados y metidos entre rejas; revoluciones populares aplastadas por las fuerzas estadounidenses; imagino el afán de lucro y la perfidia extendidas por la periferia siempre para proteger el derecho sin restricciones de las grandes empresas al enriquecimiento. Siempre que esos mandarines proclaman que Estados Unidos constituyen la "última gran esperanza del planeta", los pueblos de la periferia deben ponerse a temblar porque saben la consecuencia de esas palabras, como ha ocurrido en el pasado con las bombas de napalm, con los campos de minas, con los misiles de crucero, con las bombas rasantes, con los restos de metralla expuestos a la vista de sus hijos. Los pueblos de la periferia están muy familiarizados con la retórica de la "democracia más antigua del mundo". Y no serán defraudados.
En conclusión, Estados Unidos no es la nación más grande del mundo, ni mejor que cualquier otra en todos los aspectos posibles. ¿Qué ocurriría si este secreto tan bien guardado se propagara a todos lo vientos? ¿Qué pasaría si Dan Rather, el presentador de noticias preferido de los estadounidenses, abriera esta noche el Informativo de tarde de la CBS con el anuncio de que alguno de los grandes grupos de expertos de Washington - a ser posible uno de los conservadores-, tras años de cuidadosa investigación en la que han participado los mejores cerebros en ciencias sociales, han llegado a la conclusión de que Estados Unidos, "después de todo, no es la nación más grande del mundo, ni la mejor entre todas en todos los aspectos posibles?". ¿Supondría otro golpe devastador en la auto-confianza de América, mayor que el causado por la carnicería del 11-S? ¿Podrían los estadounidenses ir a trabajar al día siguiente? ¿o el día después? ¿Por qué habría de fastidiar el que uno no viva en la "nación mas Grande del mundo? ¿De qué forma podría responder el presidente ante esta catástrofe nacional? ¿Qué podría hacer para restaurar la confianza de los estadounidenses en la Grandeza de su país? ¿Invadir Canadá? ¿Colonizar la Antártida? ¿Enviar, quizás, a toda la población de la Costa Este a Marte? La mayoría de los estadounidenses podrían sentirse aliviados ante esta revelación, ya que lo han sospechado desde hace tiempo pero nunca han reunido el coraje para decírselo a los lacayos de las grandes empresas- disfrazados de líderes políticos- que continúan engañándoles. Y en el momento en que esa estratagema quede al descubierto, quizás, los estadounidenses comiencen a preguntar sin rodeos por las razones; se lancen a reclamar sus derechos perdidos, y pongan en marcha la reconstrucción de una democracia del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Una vez que se plateen estas preguntas, puede que los americanos comiencen a investigar en todos los asuntos en los que su país- el Gobierno y las corporaciones empresariales, en especial- están empobreciendo a su vecinos en todo el mundo, vecinos que, en su calidad de cristianos, deberían amar en lugar de sumirlos en la pobreza, la dependencia y la miseria.
Cuando Estados Unidos, un país admirable en muchos aspectos, aspire colectivamente a la integración dentro y fuera de sus fronteras; cuando Estados Unidos coloque a la gente- de todo el mundo- por encima de los beneficios de sus grandes empresas; cuando Estados Unidos aspire a ser el mejor país del mundo- en relación con el nivel de valores humanos-no sólo a ser el más grande; cuando las gentes de Estados Unidos deseen para el mundo lo que quieren para ellos; entonces, y sólo entonces, el mundo abrazará a los americanos como gente suya, como una buena gente, más aún, como un pueblo generoso, que contribuye más de lo que le corresponde a la lucha de la humanidad para conseguir que nuestro mundo sea un lugar mejor para todos.
M. Shahid Alam es profesor de economía en la Universidad Northeastern. Su último libro, Poverty from the Wealth of Nations, se publicó en 2000 en Palgrave. Ha colaborado en el polémico nuevo libro de Counterpounch: : The Politics of Anti- Semitism. Se puede establecer contacto con él en m.alam@neu.edu y en su web http://msalam.net.
Notas.
(1). Muhammad Asad, The principles of state and government in Islam (Gibraltar: Dar Al-Andalus, 1993).
(2) "CNN debate on terrorism: Chomsky v. Bennet", Counterpounch.org. 30 mayo 2002.
(3) Rahul Mahajan, "We think the price is worth it", Fair, noviemebre-diciembre 2001.
(4) Full text of Kerry's speech to UCLA," Sacbee, February 27, 2004.
(5) Everett Carll Ladd and Karlyn H. Bowman, What’s wrong: A survey of American satisfaction and complaint (Storr, CT.: The AEI Press, 1998).
(6). Los datos de éste y del párrafo anterior son del Banco Mundial, World developmen report, 2004 (Washington, D.C.: Oxford University Press, 2003).
(7). Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Human development report, 2001 (Washington, D.C.: Oxford University Press, 2000): 46,48. El TAI se forma con ocho indicadores, agrupados en cuatro categorías: descubrimientos tecnológicos, difusión de las innovaciones recientes, difusión de innovaciones anteriores, personal especializado.
(8). Banco Mundial, World development indicators, 2002, CD-ROM.
(9). El primer indicador ha sido tabulado por el Instituto de Estadística de UNESCO; el segundo y tercero por la OCDE. Los tres se recogen en: http://www.nationmaster.com (10). Aniup Shah, ", "High military expenditure in some places", 11 de junio de 2003.
(11) Ladd and Bowman (1998): 16.
(12). Freedom House, Freedom in the World 2000-2001 (New York: 2001), recogido en: http://www.nationmaster.com/.
(13). Reporteros Sin Fronteras, Second world press freedom ranking (October 20, 2003).
(14). Oficina de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen, Seventh United Nations Survey of Crime Trends and Operations of Criminal Justice Systems, covering the period 1998 - 2000 (UN, Office on Drugs and Crime, Centre for International Crime Prevention, December 2002).
(15) Human Rights Watch, "United States: Punishment and prejudice," May 2000, 12, 2(G).
(16) Bill Clinton, Inaugural address, 21 de enero de 1993.
(17). Departamento de Justicia de Estados Unidos, , Introduction to Federal voting rights (February 11, 2001).
(18) The Sentencing Project, Felony disenfranchisement laws in the United States (Washington, DC: March 2004).
(19). http://www.nationmaster.com/index.php.
(20). Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Human development report, 2003 (Washington, D.C.: Oxford University Press, 2000): 248, 342.
(21) Banco Mundial, World development report, 2003 (Washington, D.C.: Oxford University Press, 2002): 236-7.
(22) En realción con el historial de la "compasión americana", véase. William Blum, Killing Hope: US military and CIA interventions since World War II (Monroe, ME: Common Courage Press, 2004).
(23). Banco Mundial, World development report, 2003 (Washington, D.C.: Oxford University Press, 2002): 290.