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Internacional

9 de april del 2004

La revuelta chiíta

Txente Rekondo
Gara

Los acontecimientos pueden estar llevando a Irak al peor de los escenarios para EEUU y sus aliados. Los ataques diarios de una resistencia cada dia más organizada y amplia, numérica e ideológicamente, el creciente vacío social y, ahora, la rebelión de buena parte de la mayoria chiita, configuran una foto compleja y peligrosa para Washington.

A ello cabría añadir la estrategia que vienen desarrollando los baŽathistas, bien organizados en Mosul, Bagdad, Tikrit y Kirkuk, mostrando una actitud de espera, pero dispuestos a retomar su papel en la política iraquí. Y finalmente, este mes está repleto de fechas muy significativas, que en función de los acontecimientos pueden alimentar aún más los ataques contra las fuerzas de ocupación.

Hoy, 9 de abril, comienza la conmemoración del «martirio» del Iman Hussein catorce siglos atrás. Millones de fieles chiítas se reunirán en las ciudades santas de Irak; cualquier tensión desatada por los ocupantes puede acabar en otro baño de sangre. Y todo ello acompañado por los discursos en torno a los rezos del viernes en todas las mezquitas del país.

El 17 de abril es el aniversario de la muerte del profeta Muhammed (Mahoma), y finalmente el 28 de este mismo mes es el cumpleaños de Saddam Hussein, fecha que pueden utilizar los seguidores del BaŽath para llevar a cabo algún tipo de manifestación política o militar.

Alrededor del 60% de la población iraquí es chiíta, pero contrariamente a algunos análisis, no es una comunidad homogénea ideológicamente: a pesar de similitudes políticas y religiosas, sus diferencias son de peso.

La mayoría de las tendencias son conscientes de la mayoría social que representan, y tal vez por ello busquen alcanzar el poder político y social a través de elecciones o de otra forma. Este conglomerado ideológico nos presenta una comunidad altamente religiosa, pero al mismo tiempo con importantes componentes nacionalistas, en ocasiones con tendencias conservadoras o contrarias a la participación política, pero también con discursos y alternativas políticas muy elaboradas, y sobre todo con un alto grado de percepción de haber sido durante años «ciudadanos de segunda clase», algo que buscan cambiar todos ellos.

El primer referente político y organizado dentro de esa comunidad lo va a constituir el Al-DaŽwa al-Islamiyya (partido Islámico DaŽwa), formado en 1957. En la década de los setenta va a sufrir una dura represión por parte del régimen iraquí, lo que le llevará a su división en diferentes grupos o tendencias. Algunos se exiliaron en Irán, otros en Londres, y los que se quedaron en Irak, también se dividieron, siendo fuerte su presencia en Nasiriya y Basora.

Esta organización fue la que impulsó la creación en 1982 del Al-Majlis al-ŽAlŽa lil-Thawra al- Islamiyya fi al-ŽIraq (Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak, CSRII), del que luego se separará. En la actualidad, sus plazas fuertes están en torno a Baquba y Kut.

El movimiento liderado por al Sadr, Jamaat al-Sadr al-Thani (el Movimiento de al-Sadr), está instalado en el este de Bagdad, Najaf y en Kufa, aunque sus simpatizantes ya se han extendido a buena parte del país.

La población rural de esta comunidad es una minoría en la actualidad. A pesar de ello también tiene su propia organización social y política: en torno a sus shaykhs han creado el Bloque Democrático de las tribus Iraquíes. Una parte importante son los llamados «árabes de las marismas» de las tribus Madan, organizados en torno al HizbuŽllah Iraquí, que mantuvo una lucha de guerrillas contra Saddam, quien no dudó en desecar buena parte de la región para expulsar a sus habitantes, que viven en zonas de Majar al-Kabir o Amara.

Los clérigos de mayor edad se organizan en torno al gran ayatollah Ali Sistani, que rechaza entremezclar la religión y la política, al mismo tiempo que mantiene una actitud dubitativa ante la situación. Considerado como la figura religiosa más importante, sus continuos llamamientos a la calma se conjugan con otras críticas a la ocupación. Su indecisión está siendo aprovechada por otras figuras más politizadas para desesperación de EEUU.

Recientemente, varias organizaciones (Al-DaŽwa al-Islamiyya Iraqui, el Movimiento para el Acuerdo Islámico de Shirazi, el Partido de Acción Islámica del ayatollah Mudarisi, la Corriente Islámica Democrática y al-Fudhala de Yaqubi) han firmado un comunicado contra la constitución, tachándola de ilegal y contra la ocupación.

Otra parte importante la componen los llamados «seculares». Pertenecientes a clase medias, no están organizados políticamente, y obedecen normalmente a intereses particulares o corporativos. También el Partido Comunista pretende recuperar su antiguo peso dentro del chiísmo iraquí.

La mayoría de esas organizaciones tiene sus propias milicias armadas, lo que confiere un carácter todavía más complejo a la situación. Las Brigadas Badr del CSRII, las de al-DaŽwa, el ejército del Mahdi de Moqtada Sadr, HezboŽllah, al-Fudhala, e incluso un clérigo cercano a Sistani, Abdel-Mehdi Salami, hace lo propio en Karbala.

Los enfrentamientos entre estas tendencias u organizaciones se han sucedido, sobre todo en torno al control de espacios simbólicos, como las mezquitas del Iman Husayn en Karbala o la del Iman Ali en Najaf. También sus diferencias ideológicas son patentes. Mientras que algunos apoyan la introducción de la «ley de la jurisprudencia», al estilo de Khomeini en Irán, otros apuestan por un estado islámico pero de diferente corte. Lo que es evidente es que todos ellos apuestan claramente por una república islámica, rechazan la actual constitución y se muestran contrarios a la presencia de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y sus aliados.

De momento, la violenta respuesta de EEUU y sus ataques contra Moqtada Sadr están alimentando la popularidad de éste, facilitando que su estrategia gane cada día más peso dentro de la comunidad chiíta. Algunos analistas muestran ciertos paralelismos con acontecimientos anteriores en el tiempo en otros lugares donde la comunidad chiíta fue protagonista. En Irán, los seguidores de Khomeini llamaron al Shah «Yazid» (autor de la muerte del Iman Hussein, homenajeado durante la Ashura), otro tanto ocurrió con Israel en la ocupación del Líbano.

Ahora en Irak, EEUU es el nuevo «Yazid». -

(*) Txente REKONDO: Gabinete Vasco de Análisis Intenacional (GAIN)