VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
Internacional

La nueva misión crucial del Pentágono (I)

Michael T. Klare/I*
La Jornada

Vista en retrospectiva desde el futuro, la guerra de Irak de 2003 -junto con otras jugadas militares estadunidenses recientes por todo el mundo- aparece como expresión natural de la Doctrina Carter, el único edicto presidencial del pe-riodo de la guerra fría que continúa plenamente vigente. Es más, intento demostrar que la Doctrina Carter, con 25 años de an-tigüedad, está adquiriendo mayor relevancia como bosquejo de la expansión del po-derío militar estadunidense a otras regiones productoras de crudo del mundo. De la misma manera en que su estrategia actual apela al uso de la fuerza militar para proteger el flujo de energéticos procedentes del golfo Pérsico, extender la Doctrina Carter justifica ahora acciones semejantes en la región del Mar Caspio, en América Latina y en la costa occidental de Africa. Lenta pero seguramente, los militares estadunidenses se convierten en un servicio de protección del petróleo global.
Enunciada por el entonces presidente Jimmy Carter, en enero de 1980, en un mo-mento en que el posicionamiento militar estadunidense estaba amenazado por la invasión soviética de Afganistán y por la revolución islamita en Irán, la doctrina en cuestión define el crudo del golfo Pérsico como de "interés vital" para Estados Unidos, que debe ser defendido "por cualquier medio necesario, incluida la fuerza militar". Tiempo después, el presidente Ronald Reagan invocó este principio para justificar la intervención estadunidense en la guerra entre Irak e Irán de 1980-1988 (para garantizar la derrota de Irán). De nuevo, el presidente George Bush I lo invocó para autorizar las acciones militares contra Irak en 1991, durante la Guerra del Golfo. Reticente a invadir Irak en ese momento, Bush I inició la "contención" de Irak (Bill Clinton la perpetuó), creando así un brutal sistema de sanciones. Luego, al percatarse de que este abordaje no produjo un "cambio de régimen" en Bagdad, Bush II ordenó la invasión de 2003. Se inventaron muchas razones para emprender el asalto a Irak pero, desde una perspectiva histórica, es la evidente culminación de los pasos tomados por Carter, Reagan, Bush I y Clinton, con el fin de asegurar la dominación estadunidense de golfo Pérsico.
Conocer esta historia ayuda a clarificar el debate de si la guerra contra Irak de 2003 fue o no provocada por la avidez de crudo. Aunque el gobierno alegue que fue motivada principalmente por su preocupación ante la amenaza militar que entrañaba Saddam Hussein y no por el deseo de apoderarse del petróleo de Irak, lo supuestamente amenazado por Hussein era el control permanente de Estados Unidos sobre el golfo Pérsico, y ese control, desde tiempos de Carter, es visto como esencial para el flujo ininterrumpido de petróleo procedente del Pérsico. Entonces, desde un punto de vista geopolítico, el petróleo estuvo en el corazón de la perspectiva gubernamental. El vicepresidente Dick Cheney lo ad-mitió desde agosto de 2002, cuando dijo ante la convención de veteranos de guerra que Saddam debía ser retirado del cargo porque, una vez que Irak se equipara con armas de destrucción masiva, era probable que "buscara la dominación de todo Medio Oriente, controlara una enorme porción de las reservas energéticas mundiales y amenazara directamente a los amigos de Estados Unidos en toda la región".
Este episodio de la historia nos dice algo más que es importante: pese a lo ilegal y precipitado de la invasión de Irak en 2003, las acciones de Bush son fundamentalmente consistentes con la perspectiva geopolítica profesada por los presidentes que lo antecedieron, demócratas y republicanos por igual. Fue el presidente Carter quien primero articuló las razones estratégicas para la acción militar en el golfo Pérsico, y fue Clinton quien ordenó un au-mento militar paulatino en la región que hizo posible la operación Iraqi Freedom. Así que el uso de la fuerza para garantizar el acceso estadunidense al petróleo del golfo Pérsico no es una política de Bush II, no es en sí misma una política republicana: es una política estadunidense compartida por ambos partidos. Aun en el caso de que John Kerry resultara electo, es muy probable que los elementos clave de esta política continúen vigentes.
El proceso de militarizar el petróleo, como política estadunidense, comenzó en 1980 cuando, al buscar la instrumentación de su famoso edicto, el presidente Carter estableció una fuerza de tarea conjunta de despliegue rápido, la Rapid Deployment Joint Task Force (conocida por sus siglas en inglés como RDJTF), y una red de instalaciones estadunidenses en la más amplia región del golfo. Este proceso se aceleró en 1983 cuando el presidente Reagan transformó la RDJTF en el Comando Central estadunidense (Centcom), y le otorgó estatus como importante fuerza de combate unificado, a semejanza del Comando Eu-ropeo (Eurcom), el Comando del Pacífico (Pacom), el Comando del Sur (Southcom), todos fuerzas militares estadunidenses. Aunque se le asignaron variadas obligaciones, la misión primordial del Centcom es proteger el flujo de crudo, del golfo Pérsico a Estados Unidos, y a sus aliados por todo el mundo.
Esta misión adquiere su expresión más tajante en el testimonio presentado anualmente por el comandante en jefe del Centcom ante los miembros del Congreso: "Los intereses vitales de Estados Unidos en la región del golfo son de larga duración", declaró en 1997 el general J. H. Binford Peay. "Debido a que más de 65 por ciento de las reservas petroleras se localizan en las naciones de la región del golfo Pérsico -de las cuales Estados Unidos im-porta cerca de 20 por ciento para sus re-querimientos, Europa occidental 43 por ciento y Japón 68 por ciento- la comunidad internacional debe contar con libre y asegurado acceso a los recursos de dicha región". El general Peay y sus sucesores han hablado de la amenaza que entrañan los grupos terroristas en la región y de la necesidad de frenar la proliferación de ar-mas nucleares, pero la protección del cru-do del Pérsico continúa siendo su responsabilidad fundamental.
En la actualidad, la prioridad del Centcom en Irak es derrotar a la insurgencia antiestadunidense que crece por el país. Pero, siendo consistente con su misión histórica, el Centcom protege los oleoductos, las refinerías y las instalaciones de exportación de crudo por todo Irak. Aunque este esfuerzo no recibe tanta atención en los medios como la guerra urbana en Bagdad y Najaf, no es menos importante: al ser el petróleo la única fuente significativa de ingresos, asegurar la exportación ininterrumpida de petróleo es esencial para la supervivencia económica del gobierno interino iraquí instalado por Estados Unidos. (Tan sólo en la primera mitad de 2004, los ataques guerrilleros a los oleoductos que surcan Irak privaron al gobierno interino de 200 millones de dólares de ganancias perdidas, según lo declaró en junio el primer ministro interino, Iyad Allawi (The New York Times, 6 de julio de 2004).
Casi todo el esfuerzo estadunidense por proteger el petróleo en Irak se dedica a la protección de los oleoductos y refinerías, en tierra. Las unidades del ejército, con armamento pesado, patrullan las vitales líneas de abastecimiento de petróleo de Kirkuk, en el norte, a la frontera con Turquía, y la igualmente crítica ruta de tube-rías que conecta Kirkuk con Basora, en el sur. Pero las fuerzas de la guardia costera y la marina estadunidenses también protegen las plataformas de carga en el mar, que sirven para exportar el crudo iraquí por barco cruzando el golfo Pérsico. "En el gran esquema de las cosas, tal vez no haya otro sitio donde el despliegue de nuestras fuerzas armadas juegue un papel de mayor importancia", afirmó el capitán Kurt Tidd, de la Quinta Flota de Estados Unidos, al comentar su misión naval (The New York Times, 6 de julio de 2004).
Por más mundanas que parezcan, estas operaciones protectoras pueden ser en extremo azarosas. El 24 de abril, dos atacantes suicidas se aproximaron, en un bote repleto de explosivos, a una de las mayores plataformas de carga en el golfo. Una pequeña embarcación de la marina estadunidense los interceptó, la lancha de los atacantes estalló y tres estadunidenses -dos de la marina y uno de la guardia costera- murieron al instante. Simbólicamente, esta fue la primera baja de la guardia costera, en combate, desde la guerra de Vietnam.
Aun en el caso de que los combates en Irak se fueran apagando, el Centcom mantendrá una significativa presencia militar estadunidense en el Pérsico y empleará la fuerza cuando sea necesario para remontar los riesgos que entraña el flujo libre de petróleo. Con Hussein en cautiverio e Irak bajo control de las fuerzas de ocupación, se piensa que la más fuerte amenaza a la dominación de Estados Unidos emana de Irán, regido ahora por clérigos islamitas militantes. Los estrategas estadunidenses están particularmente preocupados por la amenaza iraní en el estrecho de Hormuz, el angosto paso que conecta el golfo Pérsico con el océano Indico y con el resto del mundo. Con el fin de garantizar que Irán no intente cerrar el estrecho, disparando a cuanto buque tanque cruce -los iraníes tienen instaladas baterías de misiles a todo lo largo de la costa norte del golfo-, las naves y aviones del Centcom patrullan las aguas, diario, y se mantienen en alerta ante un posible choque inmediato con fuerzas iraníes.
Pese al fiasco de Irak, entonces, la Doctrina Carter continúa dominando la política estadunidense en el área del golfo Pérsico. Es probable que las fuerzas estadunidenses mantengan su despliegue en el área -arriesgando su vida a diario- hasta que la última gota de crudo se extraiga de la región.
Pero ésta es apenas la mitad de la historia. A partir del gobierno de Clinton, la Doctrina Carter se extiende a otras regiones productoras de petróleo del mundo, y ahora cubre gran parte del planeta. Además de proteger el crudo del golfo, las fuerzas del Centcom han asumido la responsabilidad de proteger las existencias energéticas en Asia central y en la región del Caspio; al mismo tiempo, las fuerzas del Eurcom ayudan a proteger los oleoductos en la república de Georgia y las aguas costeras, ricas en crudo, de África; el Pacom vigila los corredores petroleros del Mar del Sur de China, y las tropas del Southcom ayudan en la protección de los oleoductos en Colombia.
Traducción: Ramón Vera Herrera
* Michael T. Klare es profesor de estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College de Amherst, Massachussetts. Es autor de Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America's Growing Petroleum Dependency, Metropolitan Books