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Europa


14 de febrero de 2004

¿Desaparecidos o desperdigados?

Antonio Cruz González
DESPAGE: Desaparecidos de la guerra civil y el exilio republicano
www.nodo50.org/despage / Rebelión

Hemos observado atentamente los movimientos que se van produciendo en todo el Estado, alrededor de las aperturas de fosas comunes que tuvieron origen, principalmente, en la posguerra y como consecuencia de los fusilamientos y asesinatos del régimen franquista, como política represiva y "necesaria" (según las frases del general Yagüe, que no "podía" dejar enemigos a sus espaldas, declaradas al periodista Neves). Bien, tras dos generaciones, los familiares de aquellas personas desaparecidas, no en combate, sino mediante "sacas" de las cárceles, sin juicio, o que estuvieran en el cupo del 10% que se marcaron los militares africanistas al entrar en los diferentes pueblos que iban tomando, o bien de otros modos o maneras, el más conocido torturar y después asesinar a los familiares de los resistentes maquis o guerrilleros que se encontraban en los montes, para obligarlos a bajar a los pueblos, bien, decíamos, éstos familiares se deciden, perdiendo el miedo que todavía queda en los pueblos y ciudades, a desenterrar a sus familiares y devolverlos a un cementerio que es, desde luego, dónde deben estar.

Pero este acto, desde nuestro punto de vista, hay que matizarlo. Así hemos visto en el desgraciado documental visionado desde el programa de TVE, Documentos TV, que se mezclaban las churras con las merinas, y perdónesenos esta expresión, asistiendo al insólito caso del entierro del líder falangista, Primo de Rivera, con el Cara al Sol de música de fondo. El documental llamado Las Fosas del Olvido, comienza así mintiendo al público que se acerca a contemplarlo; los líderes de la rebeldía contra la República, nunca han sido olvidados, no sólo eso, somos los "rojos de mierda" los que les hemos construido sus túmulos, precisamente, en su afán por perpetuarse. Por lo tanto, incluir estos eventos con las verdaderas víctimas de la guerra civil, el bando republicano, es intentar tergiversar una vez más, y utilizar los medios públicos en beneficio del partido y de la ideología de este Gobierno, que son los herederos directos de aquellos rebeldes. > Por mucho que, a regañadientes, hayan jurado la Constitución, lo suyo se hereda del 18 de julio, y así este glorioso partido, amigo del Imperio, el Partido Popular, fue el único que no asistió al homenaje en las Cortes del Reino que se hizo a las víctimas del franquismo en el pasado mes de diciembre.

Con estos mimbres, nos temíamos que el documental iba a ser tremendamente manejado. A diferencia de otro documental, ejemplar, Las Fosas del Silencio, realizado hace más de un año por TV3 de Catalunya, dedicado a las víctimas y visionado para la zona de Madrid, en el cine Bellas Artes, en su último ciclo del Circulo sobre los derechos humanos, el documental de TVE, pasado por la segunda cadena, intentó de una forma light mostrarnos lo malo que había sido una guerra, sin fijar quienes fueron los provocadores y quienes las víctimas, y con escenas insólitas, como el cura "curando" de sus pecados a los cadáveres republicanos con el hisopo y las bendiciones, para que pudieran enterrarse en "cristiano".

La falta de respeto a la Verdad Histórica, la falta de respeto a la opción personal de los fallecidos (socialistas, comunistas, anarquistas, con profesión de fe marxista o bakuninista), la falta de claridad, viendo imágenes fusilando gente, que no se sabían a qué bando pertenecían, ni en qué lugar, da idea de los sapos que tenemos que seguir tragando los que defendemos esa bandera que no ha sido abolida, la bandera tricolor.

La gota que llenaba el vaso fue un familiar que se quejaba de que se había fusilado a su padre en Paracuellos y no sabía dónde estaba. Bueno a este respecto, la manipulación es tan evidente que comentarla parece para tontos, pero sin despreciar a nadie, y teniendo en cuenta que gracias al silencio histórico, hay quien no conoce la verdad, o mejor dicho conoce las mentiras a través de Pio Moa o César Vidal, que no se que será peor, explicaremos, o al menos lo intentaremos, lo de Paracuellos del Jarama.

El principal y directo culpable fue el general Mola. Con la chulería cuartelaria habitual, se permitió decir en unas declaraciones, cuando Madrid estaba rodeado por los franquistas divididos en cuatro columnas, que Madrid caería por una quinta columna, los ciudadanos que vivían en Madrid, afectos a la sublevación militar, que se rebelarían y echarían a los "rojos". Esta declaración, destemplada y estentórea, motivó una serie de detenciones en venganza, la mayor parte de ellas, por la matanza de Badajoz (unas 3.000 personas fusiladas por las tropas marroquíes de Yagüe, una vez entrado en la ciudad de Badajoz, es decir sin contar los fallecidos en trincheras defendiendo el sitio. Recordamos que Pinochet está siendo perseguido por la Justicia Internacional por 2.000 desaparecidos en toda la dictadura chilena. Yagüe superó con creces al dictador chileno, haciéndolo en un día tan solo). Después de las detenciones, (entre las cuales estaba un familiar del que esto escribe, denunci > ado por querellas vecinales, no políticas), la versión más fiable es que entraron en la cárcel grupos incontrolados y sacaron los presos y los fusilaron en Paracuellos. La implicación de Carrillo, que estaba en la Junta de Madrid, siempre ha flotado en la Historia, si permitió esta entrada o sin quererlo, no pudo impedirlo, posiblemente nunca se sabrá. Pero es evidente, que el culpable directo fue Mola, que de no haber hablado de "quinta columna", no hubiera producido esa carnicería.

Pero todos los de Paracuellos, fallecidos y familiares, sabían perfectamente, debido a la Causa General, quienes estaban y además fueron conducidos a su inhumación, y premiados con pensiones de guerra y honores póstumos como "víctimas". En algún caso lo fueron, pero en ningún caso fueron "olvidados" y menos "desaparecidos". De uno de los autores antes citado, figuran todos los nombres y apellidos de Paracuellos, por lo tanto ¿A qué meterlos en un programa que habla del olvido?.

Y por último, dejando al final este tema por ser el más importante, está el falseamiento político. Lo que hizo Franco, Mola, Yagüe, Varela, Moscardó y demás rebeldes, fue realizar directa o indirectamente un genocidio. Y esto ya es política. Y estos derechos mancillados, falta de juicio justo, falta de apelación, falta de documentación, falta de información a familiares, autoridades y vecinos, falta de cualquier elemento humano que impida violar, matar a mujeres y niños, burlarse de ancianos, enviar a campos de exterminio a los hombre útiles, encerrar a familiares, por el hecho de serlo, de los que habían tenido un carnet sindical o político, es decir todo tipo de acciones que se encaminaron a destruir una parte importante de la población, al estilo nazi, diezmando a los ciudadanos, persiguiendo a los cultos (es triste la persecución de los maestros en los pueblos, simplemente por defender la legalidad republicana), es llamado genocidio. Porque rebasa el simple asesinado polí > tico o personal, porque daba igual quién o quiénes estaban siendo fusilados, o quién o quienes eran sacados de las cárceles al paredón. Había que fusilar veinte cada noche, pues se buscaban a los veinte primeros, hasta completar la lista.

Y este genocidio debe ser compensado democráticamente. Por cada tumba que se abre, no basta un traslado a un cementerio, no basta un recuerdo ante familiares, no basta un acto social. Es necesario un Recuerdo Histórico. Murieron por defender la República y la Libertad, por luchar contra el fascismo, a veces por defender a los débiles y sin siquiera haber tomado un arma en toda la guerra (casos de muchas mujeres y niños). Todo esto precisa hacer un homenaje por cada tumba que se abra, una lápida, un monolito, un recuerdo en el pueblo al que pertenecen y del cual salieron. Pero aún hay más. Las víctimas necesitan un cementerio, eso ya lo hemos dicho, pero la mayor parte de ellas tenían un ideario no católico, muchas ateas, otros agnósticos, ¿por qué, entonces no respetar su memoria, por qué entregarlos a un cura o una iglesia, de la cual nada recibieron y a la cual nada deben, si no es el olvido y el silencio y el volcarse sólo "por los caídos por Dios y por España", nunca por > el bando republicano?. Es evidente que muchas cosas queremos hacerlas bien y las circunstancias no lo permiten. Conocemos perfectamente las dificultades que hay en numerosos pueblos, para contar con un alcalde que es del PP, o con un cura anticonciliar (de Trento por lo menos), y también otra dificultad añadida es que esas fosas, a veces por los años transcurridos, ya no están en la cuneta de un camino, sino en medio de una finca, privada, que no otorga permiso para investigar. La propiedad es sagrada, las personas no, bien sabido es.

Pero, esto se está olvidando por los que pretenden luchar en esta recuperación de la Memoria, existen los jueces, y creemos que serán unos jueces de la Democracia, a los que hay que denunciar una fosa genocida, unos caídos que en común han tenido ¡la inocencia!, ya que todo el mundo es inocente si no se demuestra lo contrario, y las pobres víctimas lo fueron sin juicio, ni tribunal, ni abogados. Esto es el principio democrático y esto es lo que defendemos, que este país empiece a ser democrático de una vez. No queremos, desde DESPAGE, más que la Constitución de 1978 se cumpla.

Resumimos la idea, exhumaciones legales con denuncia ante juez, enterramientos a voluntad de las familias, pero en cementerios civiles, sin intervención de personas o instituciones que los fallecidos no hubieran querido, y descubrimiento y reconocimientos públicos de la causa legítima y legal por la que lucharon y la injusticia por la que fueron fusilados, a través de una lápida, una escultura o un monolito.

Hay quién pedía, en ese mismo documental, que no es necesario más que un monolito dónde cayeron. Esto es un acto incompleto. Si la familia desea que se lleven los restos a un cementerio nos parece que tienen derecho a ello, sin desechar la idea primera.

Por lo tanto no estamos asistiendo a un hecho social, un fallecimiento, en el que los familiares cumplen con un requisito de sentido común, que más tarde se apropiarían las religiones, para enterrar a los muertos. ¡Son los gritos de esos enterrados los que están pidiendo justicia! Y nadie olvide que los genocidios no prescriben. Franco, bajo palio, en la Gloria, oirá esos gritos siempre, siempre, siempre.