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Argentina: La lucha continúa

Al otro le pasan las cosas

Luis O. Saavedra
elidaluis@ciudad.com.ar

 

"A veces pienso que no es a mí, sino al otro, a Borges, al que le pasan las cosas", dijo nuestro vate ciego en alguna página extraviada.

El periodista piensa y recuerda. Es al otro al que le pasan las cosas. El periodista sólo recuerda, escribe y habla.

La vida del otro parecía a veces guiada por un fuerte sentido del humor negro. Salsipuedes se llamaba el pueblito escondido entre las sierras. No salió. La policía cordobesa lo entregó a Feced, que lo fue a buscar en la avioneta de la Jefatura.

En aquel entonces la cosa era casi deportiva. La dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse, había extendido el plazo de incomunicación de 48 horas a diez días.

Había que bancarse una semanita y después un poco de descanso, se entraba en reparaciones para ser presentado al Juez. El "diálogo técnico" lo llamaba Feced. Agustín Feced, Comandante Mayor (retirado) de Gendarmería, Jefe de Policía de Rosario.

Era casi deportivo, aunque no lo fue para Tacuarita Brandazza y Luis Pujals.

El otro tuvo suerte. Del 2 al 7 de febrero de 1972 duró el diálogo técnico, con Feced y sus muchachos. Imposible olvidar aquella voz gruesa, seca, de hijo de puta acostumbrado a dar órdenes y ser obedecido.

El 25 de mayo de 1973 asumió la presidencia de la Nación el doctor Héctor Cámpora y Feced desapareció de los lugares que solía frecuentar. Buscado por torturador y asesino, el Comandante Mayor (retirado) de Gendarmería estaba en las sombras, pero no inactivo.

La primavera camporista tuvo la curiosidad de caer en otoño. Y aquel otoño duró, como el de la canción de Sabina, lo que tarda en llegar el invierno. Las bandas de José López Rega y Mohammed Alí Seineldín, comenzaron a preparar el terrorismo de estado. Agustín Feced estaba entre ellos.

El otro tuvo suerte en aquel verano del 72. No tuvieron la misma suerte los que cayeron en manos de Feced, a partir del 24 de marzo de 1976, Día de la Infamia Nacional, la fecha más negra de nuestra historia.

No tuvo suerte María Barjacova, que fue detenida antes de haber cumplido dos años, junto a su madre, Analía Murguiondo, ex pareja de Daniel Barjacova, ambos integrantes del grupo de 7 fusilados en Los Surgentes. ¿María fue torturada, vio torturar a su madre? No salieron datos precisos de aquel infierno, pero el otro recuerda. Recuerda los veranos en casa de la familia común. María primero niña, después adolescente, gritando en sueños, sufriendo pesadillas casi todas las noches. Actualmente María Barjacova Murguiondo tiene 29 años y ha vuelto a residir en Mar del Plata. El otro no sabe si continúa teniendo pesadillas.

La causa, cuya denominación precisa es "Feced, Agustín y otros, sobre homicidio, violación y tortura, expediente Nº 47.913 y sus acumulados" es iniciada en los primeros meses de 1984, a partir de las denuncias de víctimas sobrevivientes y familiares de los desaparecidos.

Llegó a tener 10.000 fojas en 49 cuerpos de expediente y la Cámara Federal de Rosario consideró culpables a todos los procesados. En febrero de 1987 dictó prisión preventiva rigurosa contra varios de ellos. Entre otros, José Rubén Lofiego, alias "El Ciego" y Mario Alfredo Marcote, alias "El Cura".

Desgraciadamente y tal como lo dice el Informe Borgonovo "cuando el trámite estaba encausado y todo hacía presumir que finalmente se haría justicia, se sanciona la ley Número 23.251, llamada de Obediencia Debida y publicada en el Boletín Oficial el 9 de junio de 1987".

Eterna vergüenza para los diputados y senadores que votaron esta infamia, para el presidente que la impulsó y para los jueces que la aplicaron. La Cámara Federal de Rosario, con la disidencia de la Dra. Ester Andrea Hernández y del Dr. Alfredo Alvarez, que consideraron esta Ley inconstitucional, procedió a desprocesar a los criminales de Feced.

Su prisión fue corta, pero el jefe no la sufrió siquiera, porque, en forma muy oportuna, murió oficialmente en Formosa, en 1986, después de haber declarado en Rosario.

Los organismos de derechos humanos y mucha gente pensó que esa muerte era una farsa. Un periodista inquieto tiene aún en su poder la boleta de alojamiento en un hotel de nuestra ciudad, de un ciudadano llamado Agustín Feced, nacido en 1921. Todos los datos coinciden. La boleta es de 1988.

El otro también es inquieto. Conocía a un alto oficial de gendarmería, retirado, con el cual habían dialogado muchas veces en Rawson y en Coronda, vistiendo uniformes opuestos. Finalmente lo encontró. Se reunieron en el bar de una estación de servicio, aquí a la vuelta, un mediodía nublado de octubre de 2002.

Ya no vestían uniformes. Dos civiles tomando café, como tantos otros. La conversación fue larga. En cierto momento, el gendarme asiente: "Feced estaba loco. Dormía en una habitación en los altos de la Jefatura, sentado y vestido, con los pies y la pistola sobre la mesa, abrazado a la Itaka".

Más adelante le surgió el viejo resentimiento entre gendarmes y militares: "Lo dejaron morir solo como un perro. Yo fui el único que lo visitó en el Hospital Militar".

"¿Cuándo fue eso?" pregunta el otro. "No recuerdo bien, fue en la década del 90". Las sospechas se confirman. Feced fue un muerto que se sobrevivió a sí mismo cerca de 10 años.

El informe que se acaba de publicar fue redactado en marzo de 1997, de mano del entonces sub secretario de Asuntos Legislativos, doctor Estaban Borgonovo, por encargo del entonces y ahora ministro de Gobierno, doctor Roberto Rosúa.

No sirvió para hacer justicia, por la vigencia de las leyes de impunidad, pero le sirvió a Rosúa para expulsar de la Policía a Lofiego y otros criminales, que seguían tranquilamente ascendiendo en el escalafón policial y estaban alcanzando los más altos mandos.

En la página 6 el informe señala: "De la lectura y compulsa de todo el material obrante en los autos estudiados surge, sin ningún resquicio para la duda, que los crímenes denunciados efectivamente ocurrieron, que no fueron aislados ni casuales sino que respondieron a un plan de represión y exterminio metódicamente desarrollado, que tuvo a Rosario y sus alrededores como ámbito de aplicación, y que como es sabido, constituyó apenas un capítulo dentro de un plan más vasto que se aplicó en todo el país".

La frase constituye un medido resumen del horror que se despliega a lo largo de 20 páginas, en base a los relatos de sobrevivientes y familiares.

Pero los años pasaron, la tenaz lucha de Madres, Abuelas, Hijos, Familiares y otros organismos de derechos humanos y de tantos ciudadanos, entre los que lamentablemente no se encontraba Juan Carlos Blumberg, dieron al fin sus frutos.

El Presidente impulsó la derogación de las leyes de impunidad. El Congreso las declaró nulas de toda nulidad. Muchos jueces las declararon inconstitucionales.
Entre ellos, el doctor Omar Digerónimo, que acaba de reabrir la causa Feced y ordenado detener a varios de sus protaganistas. Carlos Alberto Moore, Carlos Ulpiano Altamirano, Ramón Vergara, Lucio César Nast y César Peralta, están al momento de redactar esta nota, prófugos. Diógenes Sandoz y Carlos Gómez, están muertos, parece que de veras.

José Rubén "El Ciego" Lofiego, Mario Alfredo "El Cura" Marcote y José Carlos Scortecchini están presos. Y esperemos que ellos y todos los asesinos queden en la cárcel por el resto de sus podridas vidas.

Respecto a estos hechos, nos parece oportuno, para finalizar, reproducir algunos conceptos de un reciente comunicado de la Asamblea por los Derechos Humanos:

"Reabrir la "Causa Feced" y proseguirla hasta sus últimas consecuencias, eliminadas las razones que desde 1987 protegieron a los criminales, es imprescindible para limpiar y oxigenar el aire del país.(...)

"Pero seríamos muy ingenuos si creemos que con sólo abrir una causa (contra quienes llevaron a cabo las acciones y sus cómplices civiles que financiaron y administraron el proceso militar y les otorgaron el posterior encubrimiento) se resuelve la situación.

"Hemos observado ya muchos procesos judiciales contra el poder que culminan en fracasos. (...)

"Por lo expuesto APDH Rosario define que su compromiso se acrecienta para evitar que nuevas maniobras de jueces, cámaras y/o cualquier vericueto legalizador / formal produzca nuevas libertades de criminales de lesa humanidad que nunca más podrán volver a ser juzgados. (...)

"No olvidamos, no perdonamos, y no nos reconciliamos con los asesinos de lesa humanidad y sus cómplices impunes". Nosotros tampoco.


Note: "A contrapelo", columna de opinión emitida el lunes 13 de setiembre de 2004, en el programa "Hipótesis", LT8 Radio Rosario, Argentina.