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Argentina: La lucha continúa

Argentina y Brasil: La excursión haitiana

Daniel Campione

O de cómo ser progresista y marchar en la retaguardia del imperio

Alrededor de quinientos soldados argentinos irán a Haití a 'imponer la paz'. Bajo la dirección de un comandante brasileño, y junto a algo más de mil soldados de ese origen. A Haití, un país pobrísimo donde un presidente desprestigiado fue derrocado por oscuras bandas paramilitares, ligadas a intereses tan límpidos y democráticos como el narcotráfico. EE.UU fue inspirador de la 'rebelión', árbitro de su desenlace, y ocupante para garantizar sus resultados una ez que Aristide fue al exilio. Y logró cubrirse con el 'paraguas' de la ONU.

Kirchner y Lula, son dos presidentes 'progresistas' de América Latina. Son parte de una realidad que lleva a fantasear a algunos izquierdistas con un 'bloque de poder regional' (bloque de gobiernos, no de pueblos, por cierto) para enfrentarse al imperialismo. A ambos gobernantes, para darle cariz de legitimidad a su intervención, les basta con el formalismo del 'aval' de la ONU.

No importa que se trata de un país varias veces invadido, del mismo ejército norteamericano que ocupa Irak. Tampoco significa nada, parece, que enviar tropas entraña cohonestar el 'derecho' norteamericano a derrocar gobiernos, 'resolver' crisis con su intervención armada, a suprimir legalidades vigentes para instaurar desde afuera y desde arriba otras nuevas. Nada de eso es gravitante, se va en 'misión de paz', se aclara que de usarse las armas sólo se lo hará con objetivos 'defensivos'.

Suficiente. Si las Naciones Unidas deciden apoyar actos de barbarie, nuestros gobernantes de 'centroizquierda' ya no se preguntan nada más. Y si mueren algunos soldados allí, ya se explicará que fue fruto de una 'inesperada agresión': Medalla, condolencias, y a otra cosa.

O no. El propósito es otro. Ambos quieren, han decidido, seguir pagando su deuda, porque ambos quieren, deciden, seguir (en el caso de Brasil), volver (en el caso de Argentina) en el mapa del gran capital, de sus volátiles inversiones, de sus preferencias en el diagrama de los 'mercados emergentes'. El gobierno Kirchner necesita el visto bueno norteamericano para su oferta de quita a los bonos de la deuda en default. El gobierno Lula requiere apoyo para no caer en cesación de pagos. Y si unos cientos de soldados haciendo de policía auxiliar del más agresivo y reaccionario gobierno norteamericano de las últimas décadas es una de las condiciones para facilitarlo, ellos están dispuestos.

Si el derecho a la autodeterminación de los pueblos queda en el ridículo, si se siguen sentando precedentes siniestros para futuros atropellos norteamericanos, y toda pretensión antiimperialista queda sofocada en la trama del doble discurso, serán 'costos' menores a pagar, tratando de disminuirlos por vía de la manipulación propagandística, de contrarrestarlos con algún gesto 'progresista'.

El cuadro está a la vista. Los que quieran seguir fantaseando con Lula y Kirchner como parte de un eje antinorteamericano, podrán seguir haciéndolo. Ellos también a su costo. Otros preferimos tener presente que también un mundo aun peor es posible. Y que los 'líderes del Mercosur' han decidido contribuir, en su medida, a su advenimiento.