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Argentina: La lucha continúa

25 de abril del 2004

Imaginar un mundo feliz desde el mundo real

Malime

Leía como en Argentina y Brasil, empresas abandonadas por sus amos capitalistas fueron ocupadas por los trabajadores, (los llamados piqueteros) que las hicieron funcionar. El bajo pueblo los considerados plebe, seres inferiores, los mandados a obedecer se convirtieron en superiores por el atrevimiento de demostrar que el trabajo social productivo es obra de los propios productores, y no como hasta ahora nos venían diciendo, con el batiburrillo antagónico al que denominan "agentes sociales", del fruto de la iniciativa empresarial capitalista y de las fuerzas productivas. El mito que amparaba la explotación del hombre inferior por el hombre superior se vino abajo, además sin que existiesen en esos países las denostadas "dictaduras" comunistas.

Y al mismo tiempo, la imaginación me llevó a tiempos lejanos, aunque tan próximos en la ilusión, cuando las tesis de Abril de 1917 provocaron la revolución socialista, aquella revolución que se llamó soviética, pero que con en el tiempo solo le quedó en el nombre. Entonces, lo dijo el propio Lenin "no se daban las condiciones objetivas", no pudieron los nuevos dueños de aquel inmenso territorio por si mismos poner en funcionamiento las empresas y las tierras nacionalizadas. Pero ahora sí, ya no se necesitan empresarios con "iniciativas", nos lo demuestran los piqueteros, los trabajadores si tienen la necesaria capacitación para adoptar iniciativas, se dan las condiciones objetivas, pero estamos cojos, faltan las otras condiciones, esas que se denominan subjetivas, que permitirían imaginar un mundo feliz si tomamos conciencia piqueter-clasista, si además de poner en funcionamiento las fábricas, ese simple hecho organizativo, se viera también como forma de poder y de democracia directa participativa.

La ilusión de otros tiempos se me hace antojadiza, realizable ahora. Puesto a imaginar, veo a esos trabajadores con la mayor de las iniciativas, tomando los centros productivos, y me imagino que los demás seres productivos, los que trabajan en los servicios también los han tomado, que todos se ponen a administrar y dirigir los lugares en donde laboran. Eligen a los compañeros más idóneos para que asuman los puestos de mayor responsabilidad, sin necesidad de que ningún tribuno o pope venido de fuera les mande. Ellos solitos eligiendo y controlando directamente a sus mandatarios. Equivocándose incluso, pero pudiendo corregir el error. Nombrando a los delegados que les representen en su comuna local, haciendo subir hacia cúspides más altas sus problemas particulares donde sean tenidos en cuenta junto con los que han sido elevados desde otros lares, que permitan finalmente la planificación del sentir general de la amplia base popular, sin las burocracias habituales venidas desde las cúspides salvadoras constituidas por la llamada clase política, sin más control popular que el ejercido con el papelillo en la urna de "cristal" cada cuatro años.

Pero la ilusión aterriza, con los pies en el falso mundo real que nos han fabricado, tan materialista (en el sentido grosero de la palabreja), veo lo objetivo, veo en que grado se encuentran las condiciones subjetivas, y para que no se escape la ilusión sobre el mundo feliz, como el anuncio publicitario juego al cupón de la ONCE. Me hago cómplice de tantos y entro en la evasión que en se encuentran tantos de los que están llamados a ser protagonistas históricos del proceso revolucionario, me constituyo en masa, en sociedad civil, me atomizo también, me hago realista. Un utópico defensor del marxismo menos, un contribuyente menos para que la "inercia de los tiempos" deje de ejercer su influencia y como espera aquel "revolucionario" del MC, el marxismo se muera del todo.

Decía que me hago realista, aunque la rebeldía me genera una gran contradicción que me impide ser conformista y dejar de ser crítico con la clase política, sobre todo con la que intenta engañarnos diciéndonos que quieren llevarnos al paraíso socialista. Esa clase "superior", que por creerse superior de hecho desprecia a todo el que la rodea, a la llamada sociedad civil y a los de su misma especie "clasista" (especie política), que impiden la autoorganización del pueblo para la acción política y la auto administración de los bienes sociales colectivos. Ese desprecio por la verdad solo es posible entre los que se consideran dioses, los que están por encima del bien y del mal. De esa forma se entienden las guerras internas dentro de las familias políticas, los navajeos, los falsos abrazos, las expulsiones...

Lo jodido es que a pesar de los incrédulos más o menos alienados y los falsarios profesionales, la tierra se mueve. Y moviéndose tan caóticamente terminará enterrándonos a todos sin llegar a ver el Paraíso soñado. Porque tampoco, los ilusionados que se mueven por moverse, sin conocer en profundidad las causas con qué gira, despreciando la relación dialéctica existente entre teoría y práctica, no impiden el caos, es más pienso que son los mejores colaboradores del caos. También algo de endiosamiento está con ellos. Contribuyen con su práctica a aquel dicho del "eficaz" Gelabert (miembro de la Brigada Político Social franquista): "A los comunistas como a los ratones metidos en un saco hay que agitarlos, porque si se paran a pensar encuentran el agujero por donde escaparse y entonces si que son un peligro". Y qué mejor saco de la confusión nos han fabricado los modernos amos de Gelabert con su ideología dominante, para que, anda que te anda, cada uno agitado a su aire ratonero, con cada familia en su madriguera desde la que salen a la pesca del trocito de queso con el que intentar el mínimo alimento que les permita su limitada auto-existencia.