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Nuestro Planeta

13 de diciembre del 2002

Prestige: Consideraciones sobre la catástrofe

Xoaquín Silva
-- El hundimiento del Prestige no es una coincidencia, no es un azar terrible; se inscribe en el naufragio de la economía productiva de Galicia en virtud del nuevo puesto que la economía mundial nos adjudica como zona ofertora de servicios.
Los centros de decisión del Mercado e instituciones subalternas no decretaron el hundimiento del barco en nuestro mar, pero desprotegen las bases materiales de nuestras posibilidades productivas, con lo que dejan abierto el riesgo del desastre. No sufren con él las corporaciones como Pescanova, sino las flotas menores y trabajadores de la costa, ya antes en retroceso.
El capital se metamorfosea y deslocaliza; los trabajadores, en consecuencia, están obligados a lo mismo: dispersión, abandono de profesiones tradicionales, quiebra de formas de vida... Algunos responsables de la tragedia son inmediatos, otros son mediatos, habitantes de centros más o menos apartados de nuestra provincia; otros, aún, son inmediáticos.
--La automoción y el petróleo siguen siendo centros clave del sistema económico mundial, y, por tanto, la actividad especulativa que los rodea. Se ha hablado de los beneficios de prima del seguro por el hundimiento de la famosa nave con su carga.
¿Cuál es la relación entre el valor monetario del seguro y los del barco, al parecer obsoleto, con su mercancía? El petróleo como motivo de la economía especulativa relaciona, tal vez, cosas en principio tan distantes y diversas como el hundimiento del Prestige y la posible invasión de Irak.
-- Asistimos al binomio tecnología-destrucción, en el cuadro de la economía global, globalmente capitalista. Se dirá que son los afanes industriales los responsables de tal destrucción, contradictoriamente aparejada a la riqueza que generan. Pero quizás sea mistificador separar, en el cuarto de operaciones del capitalismo, tecnología e industria: operan en su ámbito propio como un dúo simbiótico. Los dos términos del binomio crecen y guardan la proporcionalidad.
-- Hay que diferenciar entre reacción de supervivencia -a manos sobretodo, como se sabe, de los afectados directos y voluntarios que se les sumaron- y contestación, que, de no haberse producido espontáneamente, hubiera sido preciso inventar, incluso desde las instancias del poder, para evitar situaciones que se quieren inverosímiles en el círculo de las "buenas democracias", como el terror a moverse o la sospecha de control policial exhaustivo de las "buenas dictaduras".
La cuestión clave reside, quizás, en el control de la contestación, es decir, en su vigilancia; canalizarla en encierros, gaiteiradas, reclamaciones de dimisión de personajes, concentraciones ante edificios públicos, cadenas humanas y otras acciones sonoras y visuales de efecto catártico, impredecible capacidad concienciadora y posible utilidad electoral para el BNG, que no pisan la raya del desafío al poder. El BNG, como oficina de control de la contestación, con independencia de voluntades o declaraciones, constituye hoy el brazo reivindicativo de un cuerpo cuyo otro brazo es el PP. Ese cuerpo necesita a ambos. En esta tesitura, el BNG recupera su imagen de oposición –con paciencia y viento favorable podría cumplir su sueño de ser el brazo hegemónico-, tiempo y credibilidad con bases dispuestas a entregarse a algo y deseosas de avivar el sentimiento de identidad. Es el equilibrio, la autopoiesis en una extraña pero comprensible "familia" política.
El problema no es el deseo de adquirir votos, sino el uso que se hace de los sucesos. Y es inútil distinguir el cuadro psicológico de la militancia de base del de los mandos. Lo relevante es el comportamiento del BNG como formación.
En este drama hay un guión para cada miembro del circuito institucional; a algunos les toca el de oportunista recuperando la imagen de oposición y abandonando (por ahora) orgullosamente el coito institucional con el PP. Por otro lado, en su papel, el BNG ejerce bien su vocación de Partido Único del nacionalismo En este drama hay un guión para cada miembro del circuito institucional. Otros están fuera de la escena.
-- Somos casi rehenes de la "solidaridad". Estamos muy cerca de fórmulas reaccionarias tipo "We are the world, we are the galicians", "Apadrine a un marinero gallego", "Galicia no está sola", etc. La solidaridad que corresponde al terrible desahucio que sufrimos es enfrentar como una sola persona la puerta de la casa del dinero con la factura en la mano y no salir de allí sin el cheque. ¿Qué es esto? Los cíclopes les mueven el mundo a nuestros hermanos liliputienses para pasar por allí y a continuación nos mandan el número de cuenta cívica a nosotros (que bastante hacemos con sobrevivir en nuestras vidas de enanos) y nos piden casas en que acoger y alimentar a los respetables voluntarios, como cuentan con indignación habitantes de la Costa da Morte. Esas cosas son desenfoques y utilizaciones superpuestas de la gente, propagandísticas y otras, que se expresan bien en aquello de "encima de puta, apaleada".
El gobierno del estado, aunque lo creyera honestamente, no tiene que ser solidario con nadie (contrariamente a lo que dijo Asnar). El gobierno solo tiene con nosotros una deuda tan grave que no la puede pagar.
Por otro lado, Galicia sí está sola, por supuesto, como le corresponde, si toma el camino de su autodescolonización, es decir, de su apropiación de sí; claro que está sola, como todos los que hacen eso asumiendo riesgos, futuros inciertos y apasionados. . ., nuevos amigos.
--Regresando al principio, el hundimiento se inscribe en el naufragio de la economía productiva de Galicia. Esto tiene responsables inmediatos, mediatos y cómplices mediáticos. Merece una doble respuesta: pensamiento, frente a la densa estulticia, y lo que llamo violencia cívica para diferenciarla de la violencia incendiaria y sugerir el derecho que la asiste. Creo que una buena violencia cívica constaría de movimientos de contrapropaganda y acciones no meramente catárticas. En todo caso, a pesar de las ganas de llorar, algunos no estamos por ni para declaraciones neoenxebristas y choromicadas gaiteiras; más bien por que el chapapote pedorree como una maldición en el cielo de nuestro Parlamentiño y por que, como decía Xan Carballo, se apaguen las luces en el teatro que ofrece esta función de mierda.



Xoaquín Silva es miembro de Redes Escarlata