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Medio Oriente


12 de abril del 2002

Una protesta aislada

Octavio Rodríguez Araujo

La historia de los judíos y de los palestinos es muy antigua, sufrieron invasiones, fueron parte de imperios y más que todo de grandes migraciones. Como consecuencia de los pogroms en Rusia a principio de la década de los 80 del siglo XIX, Leo Pinsker, en su trabajo titulado Autoemancipación demandó un hogar para los judíos. Ese mismo año (1882) Pinsker se unió a la asociación "Amigos de Sión" que aspiraba a la colonización de Palestina por los judíos. De ahí surgió la idea de crear un Estado judío. Se le atribuye la idea a Theodore Herzl por su texto Der Judenstaat (El Estado Judío), publicado en 1896.
En 1948, después de que la asamblea de Naciones Unidas aprobara la partición de Palestina (con la oposición de los árabes), se creó el Estado de Israel. En la primera guerra árabe-israelí, recién fundado el Estado, Israel amplió su territorio. En la tercera guerra árabe- israelí Israel ocupó territorio palestino en 1967. De entonces a la fecha, con paréntesis importantes, la vieja idea de los sionistas de apoderarse de Palestina no ha cedido un ápice y esta es la razón por la cual el mundo vive una peligrosa guerra en la región a costa de los palestinos que, de ninguna manera, pueden competir en armamento con los israelíes.
He consultado la Enciclopedia Espasa-Calpe en una edición anterior a la fundación del Estado de Israel y no pude descubrir cuáles fueron los primeros pobladores de los territorios en disputa en Oriente Próximo. En realidad me hice bolas pues se habla de tribus, de etnias, de jefes de tribus, de migraciones y de conquistas. Pero sí logré entender que antes de que los judíos formaran su Estado convivían más o menos bien en el territorio de Palestina musulmanes, cristianos y judíos. Ahora se matan entre sí y no hay indicios, según mi información, de que las matanzas y las guerras las hayan iniciado los palestinos, lo que no quiere decir que no se hayan defendido ni que dejaran de intentar su liberación y, eventualmente, la recuperación de sus territorios.
Personalmente no tengo nada en contra de los judíos, de hecho tengo muchos amigos que profesan esta religión y ninguno, por cierto, que sea musulmán aunque sí de origen árabe. Trato de no confundir a los judíos con los israelíes, ni a éstos con los israelitas. Sin embargo, me queda claro que muchos judíos apoyan al Estado de Israel y que este país ha contado con el apoyo de Estados Unidos desde hace tiempo. Hace varias décadas se decía que Israel era la punta de lanza de Estados Unidos en Medio Oriente. No lo sé porque no es mi especialidad. Pero no me cabe duda que tanto el gobierno actual de Israel como el de Estados Unidos tienen la misma intención: dominar la región y quitar a Arafat del gobierno de Palestina sin que importen las víctimas civiles.
Siempre he estado en contra de la persecución de los judíos en donde han tenido que vivir, como estoy en contra también de la persecución de cualquier minoría por razones religiosas, de raza, de clase social o incluso por sus preferencias sexuales. De la misma manera siempre he estado en contra de cualquier forma de expansionismo que lesione los derechos de otros a sus territorios, igual se trate de palestinos que de indios en Chiapas, en Estados Unidos o en Canadá. El Estado israelí, independientemente de si tenía derecho a constituirse en territorio palestino, ha sido expansionista y sus ambiciones territoriales desde 1949 han sido acompañadas de las armas, con todo lo que esto implica. Se trata de una guerra, una más en los mismos territorios y, aunque hay muertos en ambas partes, es evidente que por el potencial bélico israelí el mayor número de muertos ha sido, es y será, del lado palestino. No puedo estar de acuerdo.
Ningún Estado tiene derecho a agredir a otro, y menos si el segundo es más débil que el primero. Israel está agrediendo a Palestina, después de haberle quitado parte de su territorio, igual que invadió antes a Líbano, y lo que está haciendo Sharon no se diferencia de lo que hizo Hitler con Polonia o Bush con Afganistán. No es cuestión de números, sino de hechos semejantes. ¿Cómo se detiene una guerra? No sé. Pero tampoco podemos quedarnos callados como si fuera algo que no nos incumbe. Esta es mi protesta.