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Internacional

21 de mayo del 2002

Las raíces del sentimiento antiyanqui

Boris Kagarlitsky
ZNet en español

Un sentimiento contrario a EE.UU. domina en sondeos de opinión en Rusia. Tres corrientes principales comparten esa opinión, que va en continuo crecimiento.

Las encuestas de opinión muestran que el sentimiento antiyanqui en Rusia ha llegado a un nivel tal como no se había visto desde los días de la Guerra Fría. Esta hostilidad no es el producto de una confrontación política, como fue el caso durante la era soviética, o de un callejón sin salida diplomático, como sucedió cuando le tocó hacer la guardia a Primakov como Primer Ministro. Paradójicamente, esa tendencia ha aumentado en un período de asociación política sin precedentes entre Rusia y Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo". La popularidad de EE.UU. alcanzó su cenit durante la perestroika. Los rusos querían a EE.UU. sobre todo porque se les había prohibido hacerlo durante 40 años. Pero todo eso cambió durante los años 90, cuando el apoyo de EE.UU. a las políticas impopulares de Boris Yeltsin socavó continuamente su atractivo. Recuerdo cómo en octubre de 1993, después del bombardeo del Parlamento, mis estudiantes estadounidenses se vieron rodeados por una malevolencia generalizada. "Díganle a la gente que ustedes son "canadienses," les aconsejé. "Los canadienses nunca le hacen daño a nadie."
El humor antiestadounidense llegó al máximo durante el conflicto en los países balcánicos. Por primera vez, multitudes de jóvenes encolerizados se reunieron fuera de la Embajada de EE.UU. –no los indigentes o marginales, sino que chicos de la clase media que habían crecido en la era poscomunista y que nunca pasaron por el adoctrinamiento ideológico de las escuelas soviéticas. Esas escenas desmintieron la teoría de que después de 10 a 15 años de democracia y reformas de libre mercado, los rusos llegarían a considerarse como parte de Occidente.
La tragedia del 11 de septiembre alteró en algo esa situación. La gente sintió pena por los estadounidenses, aunque su piedad estuvo a menudo mezclada con alegría por el mal ajeno del tipo expresado en la popular consigna: "Lo sentimos por el pueblo estadounidense, mas no por EE.UU." Pero la actitud hacia EE.UU. mejoró significativamente.
Resultó, sin embargo, que esa tendencia no duró mucho. Las cifras favorables a EE.UU. en Rusia comenzaron a caer junto con las bombas lanzadas por aviones de EE.UU. sobre Afganistán. La hostilidad aumentó cuando tropas de EE.UU. aparecieron en Asia Central y llegaron a la ebullición cuando Washington impuso restricciones a las importaciones de Rusia. Según datos recogidos durante esta primavera por la Fundación de la Opinión Pública, más de un 70 por ciento de los encuestados consideraron a EE.UU. un país hostil.
Los políticos de todos los colores no han dejado de notar este clima. Ahora se permiten algunos "ataques antiyanquis" para mejorar sus cifras en preparación para las elecciones parlamentarias del próximo año. Putin y su círculo íntimo, por otro lado no tienen gran alternativa fuera de demostrar su lealtad a sus aliados de EE.UU. Como resultado, parecen más y más aislados de la sociedad.
El antiyanquismo ruso es tan diverso como Rusia misma, y expresa tres visiones del mundo diferentes, incluso mutuamente excluyentes.
Los nacionalistas, para comenzar, nunca han sido grandes hinchas de EE.UU. Odian a los estadounidenses sobre todo porque odian a todo el mundo exterior. En Estados Unidos ven a un país que difunde la conspiración judía mundial y las repulsivas ideas de corrección política, derechos humanos y tolerancia racial. Sospechan que EE.UU. suministra ayuda clandestina a los combatientes chechenios.
Los numerosos políticos rusos ignorantes y sin principios constituyen el segundo grupo principal. Saben que los ataques contra EE.UU. son muy populares con el gran público. Más importante aún es que pueden acusar a extranjeros por sus propios estúpidos errores. Para ellos, el antiyanquismo es una coartada política. Pueden hablar de una confrontación sin pensar en el significado de sus palabras.
La Rusia de hoy no es la Unión Soviética, e ideológicamente está en el mismo campo que Estados Unidos. Pero una memoria semi-consciente del pasado soviético sigue formando parte de la psiquis nacional. En sus sueños, los rusos de clase alta siguen viéndose como secretarios de comités del Partido Comunista.
El tercer grupo critica a EE.UU. por el mismo motivo que la izquierda en todo el mundo critica a la administración Bush. Para ellos, EE.UU. es un país con un historial dudoso de derechos humanos, del medioambiente y de las relaciones raciales –un país que contempla con indiferencia los sufrimientos de los chechenios y de los palestinos. Ésta sigue siendo la posición de una minoría. Pero es una minoría que va creciendo.
Muchas cosas en Rusia dependen de cuál de estas tendencias logrará imponerse. Para superar los sentimientos contrarios a EE.UU. propiamente tales, sin embargo, algo tiene que cambiar en los propios EE.UU.
Boris Kagarlitsky es un sociólogo que trabaja en Moscú.
Título original: Roots of Anti-Americanism
Autor: Boris Kagarlitsky, The Moscow Times, 10 de abril de 2002
http://www.zmag.org/content/ForeignPolicy/kagaranti.cfm
Traducido por Germán Leyens