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Venezuela: El Golpe

Venezuela

Los peligros acechan la victoria
NIDIA DÍAZ
Enviada especial de Granma



CARACAS, 22 de abril.—Ya hizo una semana que el pueblo venezolano y la estructura central de las Fuerzas Armadas abortaron con su acción la asonada golpista que la víspera se había instalado en el poder, barriendo con la Constitución y las instituciones democráticas.
Todavía hay júbilo en los barrios, la calle ha vuelto a la normalidad y todos, menos los golpistas, han sido convocados al diálogo abierto y constructivo. La sociedad venezolana necesita un respiro en sus tensiones. Sus dirigentes tienen tareas concretas que desarrollar y que tienen que ver con el futuro.
La Revolución Bolivariana está decidida a saldar la deuda social con los excluidos y desposeídos y para ello tiene hasta el 2007, año en que termina su mandato.
Fácil hubiera sido para Chávez y su equipo, sobre la base de una administración eficiente y transparente en el uso de los recursos, repartir dádivas paliativas para satisfacer, por aquí y por allá, elementales urgencias.
Nada los hubiera estigmatizado, nadie los hubiera satanizado, hubieran estado en el bando de los que acallan su conciencia con la limosna dominical.
Ese ha sido el problema. Teniendo como divisa aquel pasaje bíblico que advertía: si das una limosna a un pobre le darás de comer un día, pero si lo enseñas a pescar podrá comer todos los días, el presidente Chávez ha actuado.
El proceso bolivariano tiene la meta de diversificar la nación para que no dependa únicamente del petróleo, quiere garantizar la enseñanza básica y prescolar, quiere descentralizar el país y hacer más eficiente la gestión de las regiones, quiere dar salud y cultura, y quiere hacerlo sin recetas ajenas en permanente diálogo con los actores.
Ha sido muy difícil. El lenguaje directo y sin ambages, y el quehacer del presidente Chávez, al lado de las masas, los espanta. Su firme posición a ser amigo y solidario con quien quiera y no solo con los que están en la "lista" de Washington, los irrita.
No pueden perdonarle su origen, su color, sus sueños. No pueden perdonarle haber sacado a Bolívar del Panteón de los Héroes y hacerlo carne viva en la acción del pueblo.
Nosotros, los cubanos que sufrimos como el más patriota de los venezolanos las horas de angustia vividas aquí, aquellas en que nos desvelamos junto ellos durante la memorable e histórica madrugada del domingo 14, cuando lo vimos en directo entrar en Miraflores, estamos convencidos de que aquella fue una victoria a la que acechan aún muchos peligros.
Tenemos que estar conscientes de que aquí la reacción, tras el shock de la derrota, no se ha replegado y no lo hará. Para ello cuenta con el apoyo de Washington que la enerva, estimula y le envía recaditos de apoyo con el mandadero Shapiro, su embajador en Caracas.
Los responsables de la conspiración están en sus casas, cumpliendo prisión domiciliaria envalentonados, paradójicamente, por la generosidad de la Revolución Bolivariana, gesto que mal interpretan como de debilidad.
La búsqueda de un Judas pinochetista no se ha descartado de la táctica contrarrevolucionaria, como no se ha descartado la campaña de desprestigio contra el Presidente.
Hoy hay calma y júbilo en el pueblo venezolano, que aún así sabe que no puede desmontar la movilización y la protección a su líder.
Otro 11 de abril puede estarse camuflando y estar prevenido será la palabra de orden.