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La vieja Europa

18 de octubre del 2002

Valencia, escenario de la guerra global

Carlos Pérez
Revista Pueblos
Si se publicara una enciclopedia del tópico, Bétera vendría seguramente como el pueblo de las albahacas gigantes, del sanatorio mental y de la música. En el plazo de unos meses, desgraciadamente Bétera podría convertirse también en el pueblo "de la OTAN", si el Gobierno y los altos mandos militares españoles consiguen que la Alianza Atlántica escoja la base "Jaime I" entre las seis candidaturas presentadas por Estados miembros para instalar el cuartel general de su Fuerza de Reacción Rápida, un cuerpo de ejército de "rápido despliegue, gran movilidad y gran poder de destrucción", tal como han expresado los propios portavoces oficiales de la OTAN (El País-Comunidad Valenciana, 2 de abril de 2002).
La decisión definitiva sobre la ubicación de este cuartel de vocación netamente intervencionista no se tomará hasta pasada la cumbre de Praga, a finales de noviembre de este año, en la que se oficializará la nueva estructura de los ejércitos de la OTAN. Para entonces habrán transcurrido ya dieciséis meses de una creciente movilización social de rechazo que podría ser uno de los pocos factores que hicieran fracasar este proyecto militarista, en caso de que sean ciertas las declaraciones del mando supremo militar de la Alianza, en las que se reconoce que sería adecuado situar esta base en una zona "de mínima protesta social contra este tipo de estructuras militares, con poca presión de movimientos anti OTAN o antiglobalización" (El País- Comunidad Valenciana, 2 de abril de 2002).
El resto de factores, como por ejemplo, el operativo o el geográfico, parecen jugar a favor de que la OTAN se instale a veintidós kms. de València. Se trata de uno de los proyectos "estrella" de las élites militaristas locales, así que los promotores de la candidatura ya han obtenido un talón en blanco para poner las instalaciones del cuartel a la altura de lo exigido por la Alianza.
Sea designado o no para acoger la Fuerza de Reacción Rápida, el cuartel recibirá en los próximos años una inversión de 30.000 millones de pesetas (180,31 millones de euros) de dinero público: compárense con los 1.500 millones que recibe anualmente Bétera para todo su municipio. Por otro lado, un cuartel que se encuentra a pocos kilómetros de distancia de megaestructuras de transporte como el puerto y el aeropuerto de València, tiene el aspecto de ser un emplazamiento bastante interesante (solamente igualado por la candidatura del Ejército turco en Estambul) para una fuerza militar con el punto de mira puesto en el sur del Mediterráneo y Oriente Próximo, y que debe "proyectarse" en dos semanas hacia su objetivo.
Del enemigo soviético al enemigo árabe
Fundada en 1949, y hegemonizada en todo momento y sin discusión por EEUU, la Organización del Tratado del Atlántico Norte ocultó durante toda la "guerra fría" unas políticas agresivas e intervencionistas bajo un discurso defensivo. El hundimiento de la URSS en 1989 dejó a la OTAN sin enemigo que justificara su existencia. Víctima de una crisis de legitimidad fundamental, la Alianza ha conseguido cambiar para seguir siendo lo mismo.
Durante la primera década de la posguerra fría, este descomunal monstruo militar ha conservado intacta su capacidad de destrucción nuclear global, pero ha tenido que inventar o exagerar un variopinto ramillete de nuevos enemigos (o "riesgos" en lenguaje atlántico), entre los que pueden encontrarse desde la inmigración o los nacionalismos "emergentes" hasta el narcotráfico o el terrorismo internacional.
Durante la cumbre de su 50 aniversario de 1999, y en plena campaña de bombardeos contra Serbia y Kosova, la OTAN se arrogó el derecho de intervenir militarmente y a su antojo en una fantasmal "zona euroatlántica" que, en la práctica, puede abarcar todo el planeta, sin contar con la previa aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Este hecho, junto con el estado de guerra global permanente y la remilitarización social e internacional como reacción occidental tras los atentados del Nueva York y Washington, ha marcado el comienzo de una nueva etapa histórica, muy semejante a la vivida durante los cuarenta años de guerra fría con la colosal carrera armamentística que la acompañó. La OTAN ha encontrado por fin el recambio ideal del enemigo soviético. El enemigo del "mundo libre" toma perfiles nítidos, es el terrorismo internacional y viene de los países árabes, de Oriente Medio y de la ribera meridional del Mediterráneo. Para el Gran Sheriff Planetario, el Mediterráneo es un "arco de crisis", un "área de inestabilidad" para la que solamente cabe usar la fuerza y la amenaza militar, o en el mejor de los casos, el corredor de la VI Flota hacia Oriente Próximo.
Bétera, teatro de operaciones
Dentro de esta puesta en escena, y dado el profundo atlantismo que profesa el actual gobierno, es fácil entender por qué la península ibérica va camino de convertirse en una monstruosa plataforma de agresión militar que apunta al sur. Junto al proyecto de cuartel de la OTAN en Bétera que proyectaría tropas de tierra (en situación de guerra hasta 60.000 militares, según J. M. Trillo), están las bases aeronavales de uso conjunto hispano-estadounidense en Rota y Morón. Ya el gobierno del PSOE autorizó durante la Guerra del Golfo 294 operaciones de bombardeo de los terroríficos B-52 sobre Irak directamente desde Morón (CSCA, 8 de marzo de 2001). Recientemente fue aprobada su ampliación, y en el nuevo convenio, suscrito este año, se permite que la policía militar estadounidense lleve a cabo investigaciones en cualquier lugar del territorio español, algo que ya sucede con total impunidad en la región italiana de Catania, donde está instalada la base naval de la OTAN en Sigonella.
La reestructuración del sistema de mandos de la OTAN hace que su Fuerza de Reacción Rápida vaya a disponer de varios cuarteles en lugar del único que existe hoy, en Rheindahlen (Alemania). Las informaciones sobre el número total de estos cuarteles siguen siendo bastante confusas todavía, pero parece que habrá al menos tres de los denominados de "alta disponibilidad" y un número indeterminado de "baja disponibilidad". Junto a las candidaturas de Alemania, Francia, Holanda, Grecia, Italia, y Turquía, en octubre de 2000, Trillo anunciaba aunque no muy alto que el Estado español optaba a acoger alguna de las instalaciones principales en València (en la Fuerza de Maniobra del Ejército), y en Bétera, en el cuartel "Jaime I". Este campamento fue construido en 1940 para el control militar de València y entre sus gestas más heroicas podemos encontrar la de la noche del 23 de febrero de 1981, cuando partieron de su interior las tropas y los carros de combate que tomaron la ciudad durante varias horas.
En febrero de 2001, Defensa hizo público que el calendario de la decisión de la Alianza Atlántica llegaba hasta finales de 2002 o principios de 2003. Mientras tanto, inversiones y modernización de un cuartel que estaba en fase de abandono, búsqueda de apoyos de otros estados miembros y diversos "exámenes" técnicos. El último "examen", a finales de noviembre, será un "simulacro de combate de alta intensidad", coincidiendo prácticamente con la cumbre de la OTAN en Praga, donde se decidirá la nueva estructura de cuarteles. La resistencia popular a esta "militarización atlántica" del municipio, tanto por parte del ayuntamiento como por la Plataforma antibase de l'OTAN de Bétera, formada por vecinos y vecinas del pueblo ya ha comenzado. Y no solo en Bétera, sino en el resto del País Valencià. Pero esto ya es otra historia, que merecerá un artículo aparte en otra ocasión. Baste por ahora, y a manera de anticipo, tanto una voz de alerta como un mensaje de lucha esperanzada: entre todas y todos podemos parar la base.



Carlos Pérez es miembro del MOC de Valencia.