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La lucha continúa

8 de enero del 2002

Entrevista con Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo)
El Parlamento es una gran charco de mierda.
Y ahí están todos revolcándose


José Angel Oria/Gara

La presidenta de las Madres de Plaza de Mayo embiste duramente contra los políticos, advierte que con Duhalde y sus medidas económicas va a acrecentarse la represión y reivindica como única salida posible "una Revolución"
¿En qué percibe la crisis en su entorno más inmediato?
Mi familia es pequeña pero participa en todo lo que pasa, en todos los actos y marchas. Por eso lo percibimos en todo, en el trabajo, a nivel económico, donde la situación es catastrófica, y en nuestra participación en las distintas actividades. Es como si una estuviera metida en el ojo de la tormenta. Nuestra familia es muy pequeña, porque de la «otra familia», la fascista, yo ya no hablo porque casi no la tengo. Está en los papeles, tío Fulano... pero no. Estamos realmente preocupadas en lo personal y en lo político.
En las actividades que organizan ustedes, ¿perciben más participación?
A las marchas de los jueves en la Plaza de Mayo viene mucha más gente ahora, pero nosotros participamos también en todas las marchas que se hacen.
¿Desde cuándo participa más gente en las movilizaciones de las madres?
Desde que nos golpearon en la plaza, desde que comenzó a caer el Gobierno de Fernando de la Rúa. La gente viene más a ver qué pasa. Después de los golpes, que nos dieron muy duro, todo se fue ampliando porque la gente tiene mucha bronca con eso.
¿Cómo son las movilizaciones de la crisis? ¿Quiénes participan?
Nosotras participamos en todo, pero es muy difícil y muy complejo, porque la mayor parte de la gente que salió con las cacerolas es la de la clase media. Salió porque le golpearon en el bolsillo, porque le metieron la mano en el bolsillo, porque no tienen dinero, porque no pueden sacar los créditos, no pueden hacer cheques, porque tienen que cerrar los negocios, porque no pueden comprar, porque no pueden vender.
Por otro lado estamos los que pedimos la libertad de los presos esencialmente, hacemos grupos, hacemos batucadas, llevamos banderas y peleamos todo el tiempo por la libertad de los presos...
¿Batucadas?
Sí, con tambores y botellas vacías que se golpean y golpean, y se grita y se canta, siempre por los presos.
Y están los parados, los que quedaron excluidos del mercado laboral.
Esos son los que van a pedir trabajo. Son menos porque los pobres viven más lejos, no viven cerca de la capital. Después nos juntamos todos en la Plaza de Mayo o en la del Congreso, pero con esas tres divisiones.
Para nosotros, desde que nos entrevistamos con el presidente que se fue, con Adolfo Rodríguez Saá, hasta ahora y por siempre lo principal es la vida, son los chicos que mataron, tanto los que mataron ahora, que han matado a más de treinta, como los que están presos desde estos días hasta los que están presos desde antes. Todo lo que hacemos en la plaza, las marchas, los documentos, todo tiene que ver con eso. Y a otra gente, que no nos entiende demasiado, le importa el dinero. Protesta porque no es legal que uno le pone la plata al banco y el banco se lo presta al Gobierno y el Gobierno se lo gastó y todas estas cosas. Es la gente que cree en todo lo legal, pero como a nosotros lo legal nunca nos ha servido para nada, pues no vamos por ahí. No es nuestra mayor preocupación el tema del dinero, nos preocupa el tema de la banca y de la dolarización, o del peso o de la moneda que estos tipos cambian como quieren, porque sabemos que eso trae más falta de trabajo. Desde ese punto de vista nos preocupa, que la gente no tenga trabajo, que no se abran las empresas y las fábricas. Como no tenemos nada, no estamos preocupados sobre si nos van a dar hoy o mañana o el año que viene.
¿Cómo es un día cualquiera de Hebe de Bonafini en medio de la última crisis? ¿Existe la rutina en esa situación?
Me levanto muy temprano para limpiar mi casa, el patio, para regar las plantas. Después sigue mi hija y me vengo para acá, a la oficina de la asociación, en la capital. Para cuando llegué hoy ya había gente esperándome, una gente a la que le quitaron los hijos, un matrimonio que está en conflicto con el Estado porque les quitaron los hijos porque son pobres. Me vinieron a ver por si podría hacer algo. Después hice dos reportajes para compañeros de la prensa, tengo citas con periodistas para toda la tarde, estoy haciendo una discusión con las madres que hablan de que mataron a tres jóvenes en un barrio de Floresta, los fusiló un policía. Además, tengo que escribir para tres o cuatro revistas, que ya tengo casi todo preparado, y tengo que contestar a todo lo que nos llega por internet, y luego participaré en las marchas que se hagan. Podremos estar en la calle hasta las cuatro o las cinco de la mañana. Yo duermo en Buenos Aires, en una pieza que tengo en la Universidad. Ahora tenemos que ir a buscar unas computadoras. Y la gente me llama, por detenidos... Es un jaleo terrible en el que no hay descanso. En el medio tienes que comer algo.
El ajetreo es mayor ahora.
Estos días sí. Todos los días terminamos en la plaza, pidiendo por los presos, que muchos están tanto tiempo presos por luchar, algo que nunca dejaremos de hacer. Ahí estamos con nuestras banderas las madres, en medio de todo eso. Saltando y saltando. Cuando una por fin llega a la cama, se muere, no se duerme.
Parece claro que los argentinos desconfían de toda la clase política, incluidas las formaciones de izquierda.
Toda la clase política está totalmente desprestigiada porque ellos lo buscaron. Ellos nos hartaron con sus negociados, con sus trampas, con sus trapisondas, con lo que dicen que van a hacer y después no hacen, con lo que nos robaron. Ahí la izquierda no nos robó, pero nos mintió. Cuando llegó al Congreso ya no hizo lo que prometió. Entonces uno dice, unos nos robaron y los otros nos mintieron. Parece que hay como un contagio, una enfermedad en el Congreso. El Parlamento es una gran charco de mierda. Y ahí están todos revolcándose. Al que entra ahí parece que la mierda lo toca.
¿Y de eso no se salva nadie?
Nadie, radicales, peronistas, aliancistas, frepasistas, liberales, izquierda, todos salvo un diputado, Luis Zamora, que ahora está en un partido muy pequeñito, Autodeterminación y Libertad, y que es un tipo muy honesto. No es que lo apoyemos, pero lo destaco porque nunca cobró jubilación de privilegio y lo que cobró como diputado se lo dio al partido. Es como que cumplió con lo que dijo.
Con el pueblo protestando en la calle, parece que los políticos están más preocupados por sus intereses particulares, incluso con pugnas dentro de las filas peronistas.
Es de terror. Estuvieron peleando todo el tiempo para ver qué oficina les tocaba, si al lado del presidente o un poco más allá. Y alguien consiguió la llave y abrieron la oficina... Mientras nos mataban a palos, ellos peleándose por los lugares privilegiados en la oficina. Todo lo hacían a escondidas, entraban por otras puertas, se reunían con los sátrapas de los tiempos de antes... Una los veía venir y le daba terror. Es como la vuelta de Frankestein.
¿Cómo se enteran de lo que ocurre dentro mientras ustedes se manifiestan fuera?
Por la radios, por periodistas que nos avisan, por el teléfono celular recibimos información permanentemente y a partir de eso decidimos qué hacer en cada momento.
Se ha comparado la actual situación con la de Venezuela hace doce años. ¿Ve posibilidad de que el actual estallido pueda forzar un cambio de sistema político hacia una salida parecida a la venezolana, con la Revolución Bolivariana que lidera Hugo Chávez?
No, porque acá no hay nadie así. Los militares que hay son todos asesinos y los políticos son ladrones y traidores. Yo creo que van a tener que venir nuevas generaciones, pero eso nos llevará tiempo y dolor.
El Ejército esta vez no ha salido a la calle.
Está tan desprestigiado que no puede. ¿A qué va a salir? Además, el Fondo Monetario Internacional no los necesita porque pone y quita a quien quiere. Estados Unidos tiene los hilos de los títeres, que son los políticos.
¿Cuantos presos hay en Argentina?
Ni se sabe, ni presos ni muertos, porque no hay listas. Hay 2.400 procesados por cortar las rutas o por entrar a los supermercados a pedir comida. La libertad de todos ellos y el desprocesamiento es una de nuestras reivindicaciones.
Todo esto parece tener mucha relación con la impunidad de que gozan en Argentina los militares y los torturadores.
Por eso pasa lo que pasa, porque hay tanta impunidad. Acá en la represión de la época de la dictadura no participaron sólo los militares, tuvieron mucho que ver los políticos, los curas y los burócratas. Los militares no lo hicieron solos.
Ahora tienen ustedes más apoyo en las movilizaciones que realizan en la Plaza de Mayo. ¿Y en el futuro?
Por ahora, creo que la gente seguirá viniendo a la plaza, que la toma como un referente de lucha contra la injusticia.
¿Le produce eso alguna satisfacción?
Lo que me dio satisfacción fue que las únicas banderas que permitían en la plaza eran las argentinas y las de las madres. Las banderas de los partidos no dejaban. Eso me daba como una alegría porque pensaba que la gente ya sabe quiénes somos. Pedimos a la gente que no nos abandonen, que pidan por nosotras, que sabemos que nuestras vidas están siempre en riesgo, pero que sepan que estamos dispuestas a ofrecerlas para que todo vaya mejor.
¿Qué espera en la actual situación?
Que va a venir mucha represión, porque sólo con represión cierran esto. Y que los peronistas son populistas y van a empezar a darle comida y ropa a la gente, y pequeños trabajos. Pero no es la solución del problema.
¿Cuál es la solución?
Inexorablemente tendrá que venir una revolución. No sé en cuánto tiempo, no sé si yo lo voy a ver, pero creo que no hay formas constitucionales, legales, de llegar a una transformación. Primero, porque se privatizó todo y ya no tenemos nada que privatizar. Y ahora, porque todo se ha hecho para los bancos.
Los observadores destacan que las protestas se organizan de modo espontáneo, no a convocatoria de sindicatos o partidos...
Pero no sirve. Estas cosas son como una llamarada y se apagan. Acá no hay líderes, no hay quien convoque con seriedad. Falta eso y falta muchísima conciencia política. Hay una pequeña luz en la conciencia de la gente que tiene que salir a protestar porque ya probó que puede sacar a un presidente, pero nos falta la conciencia política de que hay que luchar por todos, y de que primero tiene que ser la vida, antes que la plata, y aprender eso cuesta.
Se dice que estos días el pueblo argentino le ha perdido el miedo a la Policía.
No todo el pueblo. El que salió a pedir por la plata huyó despavorido con los gases. Los que se quedan son las madres y la gente de la Universidad que nos acompaña y los pibes que buscan trabajo, los más arriesgados, los que se quedaron frente a la Casa de Gobierno. Es cierto que los que salen por la plata vuelven a salir cuando no les gusta el que está en la Casa Rosada. Pero los más valientes son los jóvenes que no tienen trabajo ni proyecto y que están hartos. Piedra y piedra y piedra... Y prenden fuego y van de un lado para otro y los echan. Y vuelven y los sacan a caballo y vuelven. Y más cuando se llevan a algún compañero. Pero con la población en general no hay que entusiasmarse. Yo soy muy realista.
Entonces, no cree que haya ahora más conciencia política.
La izquierda sí, pero no hablemos en general. No me quiero engañar. Me parece bueno que la gente salga, y ahí estamos con nuestro pedido. Pero la gente no entiende todavía que esto es algo colectivo, que no puede hacer nadie por lo personal, que todos tenemos que salir por todo. Todavía no hay ese paso, que es muy difícil de dar. La gente se reúne, sale, pero después de un tiempo se cansan y no salen más, porque se quedaron en lo individual.

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