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La vieja Europa


6 de agosto del 2003

El General Alfredo Cardona, Jefe de las tropas invasoras españolas en Iraq, concede su primera entrevista
"Una cosa es que vengamos a ayudar y otra que toquen al contingente"

Jose Daniel Fierro
Rebelión
Ayer 5 de agosto, El País publicaba la primera entrevista concedida por el general de las fuerzas invasoras españolas a su llegada a Iraq.

Lo interesante de esta entrevista no es tanto lo que dice sino lo que no dice. Pero leyendo con atención se pueden entresacar algunas ideas de por donde irán los tiros (y nunca mejor dicho) de la misión encomendada a las tropas españolas.

Alfredo Cardona, de 52 años, jefe del batallón Plus Ultra, se encuentra ya en territorio iraquí bajo la protección de Santiago "matamoros". En breve se hará cargo de las localidades de Diwaniya y Nayaf, la zona chií del sur de Iraq. Una zona horto-frutícola, agradable y tranquila, como dijo en su día el ministro de la guerra, Federico Trillo. Según las palabras del general, el objetivo es "no dar la imagen de una fuerza de ocupación, sino de otra que viene a echar una mano". Es decir, su misión es de ocupación pero tienen que dar una imagen campechana. Ellos son la cara amable de la invasión, están allí para ayudar a la población iraquí en la búsqueda de la libertad.

El general Alfredo Cardona, curtido en los Balcanes, minimiza la agresión sufrida hace unos días sobre el contingente polaco –del que dependen las tropas españolas- en la localidad de Hilla, próxima a Babilonia. Sobre este ataque con granadas de mortero de 60 milímetros -el primero que sufre la división multinacional en la que se integran las tropas españolas-, Cardona dice: "No fue una acción específica contra los polacos. Lanzaron 11 granadas y cayeron cinco dentro sin causar heridos". Vamos, que los iraquíes salieron al campo a buscar setas y se les dispararon accidentalmente los morteros que llevaban para esa tarea. Pero advierte el general: "Si nos atacan, responderemos con toda eficacia". Porque al fin y al cabo ¿para qué están allí?

Esta cruzada española contra los infieles comenzará el 1 de septiembre, cuando estén plenamente operativos los 1.300 hombres y mujeres del contingente. Su trabajo será el de "garantizar la seguridad ciudadana, el normal suministro de electricidad y agua para que puedan abrir las fábricas cerradas por falta de luz". Sin embargo, esta explicación es poco convincente. Para lo primero se supone que ya existe una policía iraquí dependiente del gobierno títere y de los amos yanquis. Y para lo segundo se podrían haber enviado cuadrillas de electricistas y fontaneros que a buen seguro realizarían la misión con bastante más éxito.

Cardona ha mantenido varias reuniones en el cuartel general de la división multinacional en Babilonia, del que depende, para coordinar los futuros trabajos. En las mismas ha quedado claro quien manda hoy en Iraq. Las patrullas serán mixtas entre la fuerza multinacional y los marines estadounidenses, algo que debe incomodar al general, pues no debe querer que la población civil les vea como un ejército ocupante (¿y cómo les van a ver si no?). Mas Cardona da muestras de entereza cuando afirma que "no existe problema alguno con los norteamericanos. Sólo que nuestro sistema de relevo es así, incluso entre unidades".

El general tiene claro el límite de tolerancia en la seguridad: "Una cosa es que vengamos a ayudar y otra que me toquen a mi contingente. Si elementos incontrolados nos atacan aplicaremos las reglas de enfrentamiento y responderemos con toda la eficacia". O sea, su contingente ha venido a llevarse el sueldo y a poner el cazo a fin de mes. Que no venga nadie ahora a tocarles las pelotas porque entonces se puede liar gorda. Un grito de: ¡A mí la legión!, y se enteran.

Para Cardona esta misión no es humanitaria, sino de estabilización de la paz. Aunque él, como buen soldado, no entra "a valorar la guerra", y considera que su misión comienza ahora. Algo así pensarían los 46 militares argentinos (detenidos a petición de Garzón) acusados de torturar, asesinar y lanzar desde helicópteros al mar a "elementos incontrolados". Tampoco ellos entrarían "a valorar la guerra".

El artículo de El País finaliza haciendo un recorrido sobre la cotidianidad de los invasores. Según un militar español, los soldados tienen la orden de llevar una bala en la recámara cuando salen del cuartel, pero tratando de evitar que las armas apunten a los civiles.

También cuenta que en el cuartel general de la división, se han efectuado ejercicios tácticos, impuestos por los estadounidenses, junto a los polacos para comprobar cómo funciona la coordinación entre tropas. Y que se está trabajando en todas las situaciones posibles.

Actualmente son 501 los soldados españoles en Diwaniya. Y a mediados de agosto estarán en la zona otros mil. En el campamento que se está levantando conviven con marines que no permiten que se fume en la cantina pues es territorio norteamericano (pero ¿no estaban en Iraq?).

Y un detalle curioso para finalizar. Aunque El País asegura que ya funcionan la lavandería y las duchas, también afirma que "el momento más delicado llega de noche, cuando alguna de las 34 mujeres del contingente español acude a lavarse". Entonces los soldados yanquis se dedican a vigilar "con visores nocturnos y diurnos" a las soldadas. ¿Es esta la versión castrense de Gran Hermano? ¿Acaso las españolas se duchan a oscuras? Y si esto es así ¿es que las duchas no tienen puertas?