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La vieja Europa

El Bundestag acuerda enviar soldados alemanes al norte de Afganistán

·No faltaron voces que subrayaron el riesgo y el sinsentido de esta misión El Gobierno de Gerhard Schröder contó con el apoyo de los cristianodemócratas El Parlamento alemán, el Bundestag, acordó ayer el envío de 450 soldados alemanes a la ciudad afgana de Kunduz, al norte del país. El Gobierno contó con el apoyo de una considerable parte de la oposición cristianodemócrata, mientras que liberales y postcomunistasvotaron en contra. Apenas hubo debate.

Ingo NIEBEL 25/10/03 COLONIA

Kunduz es una ciudad estratégica en el norte de Afganistán. Por esta región pasan los importantes transportes de armas y drogas. Estas últimas van destinadas a los mercados europeos y con el dinero de la venta se financia la compra de armas. Según la ONU, la producción anual de opio ascendió a 5.000 toneladas en el año 2001. El beneficio es de alrededor de tres mil millones de dólares, que sube hasta diez mil millones de dólares si se tiene cuenta el contrabando que va relacionado con el narcotráfico.
En esta región unos 450 soldados alemanes deben establecer una «isla de la ISAF» dijo su jefe, el ministro de Defensa Peter Struck. Su misión oficial consiste en proteger a las organizaciones humanitarias ­algunas de ellas, como la alemana «Welthungerhilfe», rechazan la ayuda no deseada porque la consideran poco productiva­. En primer lugar, los militares alemanes tendrán que ocuparse de su propia seguridad desde que la ONU y diarios paquistaníes informan de fuertes combates de los hombres del general uzbeko Abdul Rashid Dostum con el grupo «Jamiat-e-Islami», a 50 kilometros del oeste de Mazar-i-Sharif.
En segundo lugar la «Bundeswehr» tiene que tener mucho cuidado para no verse envuelto en las rivalidades entre el gobierno central de Hamid Karzai en Kabul y los intereses de los «grandes» en la zona norte. Ahí manda, entre otros, su «ministro de Defensa», Mohammed Fahim, que cuenta con un cuerpo de 30.000 hombres bajo armas. Varios medios relacionan a Fahim con el tráfico de drogas y armas. El ministro es, por lo tanto, un «poder fáctico» en la región mientras que su presidente sobrevive únicamente en la capital Kabul gracias a la ayuda militar que le llega desde fuera. Al jefe del comando alemán que exploró la zona, el comandante local Daoud Khan, le dejó bien claro que sólo quería ver a 100 soldados alemanes en Kunduz y que deberían operar bajo mando afgano para combatir el contrabando de armas y drogas en las zonas limítrofes. Las FFAA alemanas están en buen camino para perderse en el laberinto afgano y pagar cara esta hazaña militar.
No faltan las voces que indican a que la misión de Kunduz ha sido el precio que Schröder ha querido pagar para ser recibido por el presidente George W. Bush tras 16 meses de silencio. El jefe de la Casa Blanca alabó varias veces la presencia alemana en Afganistán antes de recibir al canciller alemán en septiembre. La presencia alemana en aquel país asiático no es resultado de una determinada política exterior, sino producto de cierto accionismo, surgido tras los atentados del 11-S.
Bush necesita ayuda en el sector afgano de su frente del Este porque la resistencia de los grupos taliban y Al Qaeda ha crecido constantemente durante el último mes. El número de ataques y bajas ­muertos y heridos­ es casi similar a las perdidas en Irak. Los combates se centran al sur del país y la frontera con Pakistán.
Un objetivo de la política exterior paquistaní es el de evitar un Afganistán fuerte y centralizado porque en ese caso tendría que negociar el curso de su frontera occidental, que es producto de la arbitrariedad británica del siglo XX y que no corresponde a la realidad étnica de la región. De ahí se explica por qué aviones estadounidenses y paquistaníes evacuaron a miles de combatientes talibán y de Al Qaeda entre 2001 y 2002 de la zona norteña al sur.
Bush mantiene a 12.500 soldados en Afganistán pero necesitaría veinte veces más para imponer su orden en el país. El proyectado ejército de Karzai, que debe contar con 70.000 efectivos, cuenta actualmente con sólo 5.000 soldados. El peso de la lucha antiguerrilla lo llevan británicos y estadounidenses. Berlín mantiene bajo secreto oficial las bajas de sus fuerzas especiales KSK que en el 2001 intervinieron en la caza de Bin Laden.
Hasta el momento una docena de alemanes ha muerto en atentados y accidentes, mientras que una veintena ha sido herida. Los medios alemanes secunden la política de Schröder con informaciones diarias de las bajas de EEUU en Irak, omitiendo noticias parecidas desde Afganistán.